Sáb 12.06.2010
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Daneses por el mundo

It’s a Small World, la muestra de diseño danés que comienza a rodar por el mundo, apuesta a imprimirle, además de su característica belleza y funcionalidad, compromiso.

› Por Luján Cambariere

Arne Jacobsen, Verner Panton, Hans Wegner, entre tantos otros arquitectos y diseñadores admirados, ostentan en su haber los más importantes íconos del siglo XX, como la silla Panton producida por Herman Miller y por Vitra después. Y ni hablar de marcas emblemáticas que marcaron la vida de tantos, en este caso niños, del mundo como Lego.

¿Quién no ama el diseño danés, aunque no sepa que es danés? Ni la lámpara, ni la silla, ni la rueda son invención de Dinamarca, pero al interpretar estos elementos básicos, los diseñadores han creado variantes que han llegado a conocerse como “La lámpara”, “La silla” y “La rueda”, señalan desde el Ministerio de Asuntos Exteriores de Dinamarca. “Esto es, la lámpara PH de Poul Henningsen (1894-1967), la silla redonda de Hans J. Wegner (1914) –The Chair, como la bautizaron los americanos– y la rueda Kevi de Jürgen Rasmussen (1931), que se utiliza en millones de sillas de oficina.”

Fue en los años cuarenta y cincuenta, continúan detallando, que el “Danish Design” alcanzó renombre internacional gracias al impulso propiciado por el abanico de nuevas posibilidades técnicas y económicas que se desplegó tras la Segunda Guerra Mundial, que supusieron la presencia de una serie de diseñadores de primer orden, la atmósfera de trabajo que compartían y el éxito que cosecharon a nivel internacional.

Así, un amplio grupo de destacados artesanos, arquitectos y artistas logró abrir, cada uno en su terreno, nuevos caminos. Compenetración entre artesano y material con una simplificación orgánica que jamás dejó de velar por la función, algunas de sus claves.

¿La esencia del diseño danés? “Se manifiesta en la estética de un producto, pero, al margen de la belleza que pueda encerrar un diseño danés clásico, sus creadores persiguieron esa belleza en contadas ocasiones, centrándose más bien en resolver un problema del modo más sencillo posible, aunque sin violentar la complejidad de esta tarea y sin olvidar jamás que un nuevo producto debe ser, ante todo, un buen instrumento para el consumidor. En eso se basa el diseño danés. En Dinamarca se considera el diseño como un proceso encaminado a la resolución de un problema. La resolución de un diseño debe ser lo más sencilla y natural posible, sin violentar la complejidad de esta tarea. El objetivo es alcanzar la identificación de usuario y objeto, y la solución debe respetar lo exigido en materia de economía y medioambiente”, rematan.

Será por eso que hoy, en un país que parece perfecto y a pesar de tanta producción icónica, los daneses también hacen un mea culpa design buscando rever los postulados de la disciplina. O, por lo menos, eso corre por cuenta de una de las más importantes muestras It’s a Small World (Es un mundo pequeño), que empieza a rodar por el mundo y tuvo lugar en el Danish Design Center organizada en colaboración con el Danish Crafts y el Danish Architecture Centre, con el apoyo de su gobierno. Una movida que no es menor en un país, y más precisamente una ciudad como Copenhagen, donde el diseño ocupa un espacio preponderante. La muestra ya viaja a Estados Unidos y para septiembre estará en Curitiba, para la bienal de diseño sustentable.

Una exposición que explora nuevas ideas, tecnologías y productos de diseño que crean posibilidades en un mundo en cambio. Nuevas perspectivas con el foco en la sustentabilidad, la escala humana (con la intención de discutir temáticas como la inclusión y diversidad) y prácticas no seriadas o estandarizadas en una apuesta firme por la experimentación, desafiando el rol tradicional del diseño y sobre todo a las respuestas despersonalizadas. Es que la muestra, según proponen sus curadores, pasa básicamente por preguntarse cómo el diseño danés está reaccionando ante desafíos como la globalización, el cambio climático y la tecnología partiendo de la base de que hoy el mundo precisa soluciones sin usos ornamentales, gastos excesivos ni superfluos. Más que nunca el diseño debe ser una herramienta, para vivir mejor y ser –por qué no– más felices.

Así, enmarcados en seis escenarios interdisciplinarios que apuestan a una nueva agenda, agrupan algunas de sus respuestas –Somos tan normales, Es tu turno, Expandir tradiciones y Procesar experimentos– son los títulos de algunos de los espacios que disponen las propuestas en estructuras con formato de icebergs.

Además el público en todo momento es invitado a participar y experimentar estas nuevas ideas de productos y consignas sustentables. “Es que definitivamente –arenga Tina Midrgaard, curadora de la muestra– el período del genio solitario acabó.”

PASEN Y VEAN

Son variopintas las ideas dinamarquesas. Desde un sofá, We are Family, del diseñador y artista Claus Molgaard, que se desmembra hasta en seis colchones individuales, en un gesto –según la propuesta de su autor– de absoluta hospitalidad. “Un poco para incentivar esta olvidada costumbre del recibir”, según propone. A varias apuestas, ahora sí, en pos de una costumbre que lograron resucitar a fuerza de muchas campañas pero que ya está instalada, como es el empleo de bicicletas como transporte en las ciudades, para la que el grupo multidisciplinar formado por la agencia de diseño Good Morning Technology ideó el Bike Porter, producida por Copenhagen Parts. Un megacesto integrado al manubrio de la bicicleta, muy ad hoc con la conciencia por el transporte eco y las numerosas ciclovías de la ciudad.

En versión más tecnológica, las Sun Tiles, unas cortinas que no sólo bloquean la luz del sol sino que también funcionan como células solares para ahorrar y almacenar energía. Utilizando la posición de Dinamarca como productor líder de células solares económicas, el diseñador danés Astrid Krogh y su equipo de científicos y arquitectos combinaron la funcionalidad estética, cuentan, en una nueva solución de cortina diseñada especialmente para edificios de oficina.

Volviendo al mobiliario, impactan los productos de formato serpenteante del diseñador Mathias Bengtsson como el Spun Bench, que nace de sus recientes experimentaciones en fibra de carbono (una tecnología usada por la NASA). En ellos no sólo pudo aplicar en sus originales asientos y chaises longues las complejas curvas logradas a través de gráficos en su computadora, sino que obtuvo la máxima resistencia con el mínimo material. Concebido como un sistema modular, seis piezas individuales se combinan para crear un círculo perfecto u otro tipo de configuraciones que fueron y son uno de los grandes protagonistas de la muestra.

También dentro del rubro mobiliario dan el presente las maravillosas estructuras forradas en fieltro de Louise Campbell y la magnífica colección de sillas Pluralist de Cecilia Manz, asiento, mesa, escalera, banco comunitario, según la ocasión. Por último, la muestra tiene instalaciones a camino del diseño y el arte, como la bella puesta de la dupla formada por dos diseñadores gráficos –Andreas Emenius y Henrik Vibskov– como la Soul Wash, un laberinto de papel con el que proponen limpiar el alma. Buen punto de partida para un mundo más consciente.

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