Sáb 18.09.2010
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La visión de la ciudad

› Por Matías Gigli

Con la muerte de Julio Racioppi se diluye una mirada singular de Buenos Aires. Especialmente atentas a las grandes moles de edificios públicos del centro de la ciudad, con sus grandes planos perforados con filas de ventanas rectangulares, las imágenes que Racioppi organizaba como pintor constituyen un testimonio de la vida cotidiana. Paisajes urbanos en donde las medianeras y los techos confluían de un modo aleatorio y sin una explicación que los justificara. Una ciudad seccionada por su parte más densa y ajena a toda singularidad.

Julio Racioppi dejó su testimonio en estos extendidos paisajes urbanos, en que los autos y la gente eran citados pero no como el centro de su imagen, sino como actores esporádicos y móviles entre grises edificios salpicados con llamadas cada tanto de color.

Racioppi, nacido en 1937, inició su carrera de docente en la provincia de Jujuy en 1960, igual que Guillermo Roux y Antonio Alice, después de recibirse de profesor tras transitar por las tres escuelas de arte porteñas. Luego de dos exposiciones en Jujuy, expuso en 1963 en la Sociedad Central de Arquitectos, en el Concejo Deliberante de Buenos Aires, en la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos en 1971 y 2002, en 1989 en el Museo Municipal de Luján –por el aniversario de la Escuela de Arte–, en el Museo de Arte Moderno en 1993, en la galería Palatina en 1996, 1999 y 2003.

Muy valorado por el crítico Raúl Santana, que lo incluyó en su libro Huellas del ojo con el escrito “Una indagación de lo real”, como en diversas galerías. Dedicado a entender y transmitir a sus alumnos las búsquedas minuciosas de la construcción de una imagen resultante de una detenida observación del modelo, en donde la organización de la imagen partía del dibujo pasando por los planos de valor y por último el color.

Atento a la pintura de Balthasar Belthus, Antonio López y Edward Hopper, encontró como ellos un refugio en una imagen extrañamente congelada dotada de refinamiento en cuanto a una minuciosa observación de una realidad. Esta forma de encarar sus trabajos lo contuvo y le dio pie para transitar por el lenguaje de la pintura.

Racioppi llegó a ser director de la escuela De la Cárcova en sus últimas instancias antes de ser integrada al IUNA, tarea docente que desempeñó además en la escuela Prilidiano Pueyrredón. Fue distinguido con el Primer Premio en el Salón Municipal de Artes Plásticas Manuel Belgrano.

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