Dom 04.07.2010
rosario

CONTRATAPA

Mirar el mundial políticamente

› Por Gary Vila Ortiz

Que el mundial de fútbol se esté jugando en el país africano que sufrió durante mayor tiempo las atrocidades del colonialismo europeo no deja de ser un hecho significativo que merecería un análisis realizado por algún experto en temas de sociología, de política exterior, un historiador del calibre de un Hobsbawm. Nosotros no somos nada de eso, tan sólo periodistas y además ese ser tan particular que es el hincha de fútbol, que le interesa más su equipo que cualquier campeonato por mundial que sea. En este caso, sin embargo, como tenemos un profundo interés por la historia de Africa y sus sufrimientos desde aquel momento en que alguien decidió que no había que esclavizar más a los indios americanos y por eso había que traer esclavos africanos, lo que se hizo con particular crueldad y con indudable eficiencia, nos interesa el intento de hacer una lectura política del mundial. Africa del Sur: ahora el país de los bantúes, de los zulus, de los hotentotes y de los bosquimanos recibe con los brazos abiertos a esos hombres blancos pertenecientes a países que, en mayor o en menor medida, se sintieron como sus dioses y los llevaron a la esclavitud. Una lección de grandeza de un pueblo gobernado por los negros que, si bien se han dejado de lado las leyes espantosas del apartheid, los blancos siguen siendo los dueños de más del ochenta por ciento de las tierras agrícolas productivas.

Pero además de esto que señalamos para muchos jóvenes y otros tanto que ya no lo son, pero aún no tienen nuestra edad y les importa muy poco el conocimiento, en este mundial juegan los representantes de países que no existían hasta no hace demasiado. Para aquellos que puedan sentir algún interés por la historia del hombre, le aconsejaríamos mirar un mapa de unos sesenta años atrás. Las naciones africanas eran en su mayoría colonias y los países de los Balcanes no tenían la existencia territorial que tienen ahora. Además, si se repasa su historia casi todos estos pueblos tienen un pasado de sufrimiento del cual, muchos, aún no lo han superado debidamente.

Pensemos en Ghana, el país africano que llegó más lejos en el mundial, hasta ser derrotado por Uruguay. Fue colonia inicialmente de Portugal, que como nación colonizadora fue, como los belgas y los holandeses particularmente cruel. Luego la ocuparon los franceses y los ingleses y finalmente quedó en manos de estos desde 1877. Fue por 1957 que se declaró independiente y formó parte del Commonwealth. En un mapa de hace sesenta años el nombre de Ghana no figura, pues se llamaba Costa de Oro, que dicho sea de paso no debe confundirse con la Costa de Marfil, que en un mapa como el que citamos no figura sino como parte del Africa Occidental Francesa.

En cuanto a Camerún tuvo un contacto tardío con las naciones colonizadoras, hacia el siglo XV, pero es recién en el siglo XVIII que los alemanes con los jefes tribales de los pamúes y dualas, que fueron expulsados por los ingleses y los franceses y los ingleses durante la guerra del 14. El régimen colonial es reemplazado por uno de tutela que ejerció Francia a partir de 1945 en representación de la ONU hasta 1960 que se declara independiente que reunió dos estados: El oriental, que había estado en manos de Francia y el occidental que había sido colonizado por los ingleses.

Nigeria es un claro ejemplo de un grupo de pueblos que los colonizadores unieron y esa unión terminó, luego de que fueron independientes, en horrorosas guerras tribales, como el caso de la guerra de Biafra que significó más de un millón de muertos entre 1967 y 1970. La historia nos indica que los primeros en tener dominio sobre Nigeria fueron los miembros de las tribus de la etnia hausa, cuyo máximo esplendor se ubica en los siglos XVII y XVIII. Eso no significó empero que se vieran libres de las exploraciones de portugueses y británicos que se dedicaron a la trata de esclavos. Dominada finalmente por Gran Bretaña, los ibos lucharon tenazmente por la independencia, que lograron en 1960. Se tuvieron grandes esperanzas ya que se trataba de un país rico, pero las luchas tribales frustraron todo intento de progreso. Hasta fines del siglo veinte se sucedieron los gobiernos y los golpes militares con sus lógicas secuelas de grandes crímenes, aunque ninguno llegó a lo que había pasado en Biafra. En un libro que trata la historia de Nigeria hacia los mediados de los cuarenta se la incluye dentro del Africa Occidental Británica y se la calificaba como el más avanzado de los países de esos territorios africanos.

Al margen de lo que hemos dicho referente a la historia de los países que han jugado y los que siguen en la carrera, hay algo que también permite una reflexión de carácter político. Uno de los graves males de nuestro tiempo es la práctica nefasta de lo que llamamos el hecho consumado, es decir esa práctica que muchos utilizan y con la cual no hay medida posible. Casos extremos: Del asesinato político no hay regreso posible. De las matanzas colectivas, como la de Guernica o la de Nagasaki, tampoco se regresa. Logrado el objetivo, los criminales parecen gozar de una absoluta impunidad. Pues aún cuando se encuentre un culpable o dos, y son condenados, siempre hay un grupo detrás de ellos que permanece desconocido.

¿Qué tiene que ver esto con el mundial? Por cierto que nada parecido a esos extremos, pero si con el hecho consumado. La televisación de los partidos es un sustituto de lo que se puede ver desde la tribuna. Pero tiene una ventaja: La televisación permite observar con claridad los errores que ha cometido un árbitro o esas jugadas en donde en un primer plano se ve la brutalidad de tal o cual acción. Con motivo de dos errores garrafales, el gol de los ingleses contra Alemania que no fue convalidado y el de los argentinos (el de Tevez contra los mexicanos) que fue dado por válido pese al offside del jugador, fueron repetidos en el gran televisor de la cancha, por lo cual las máximas autoridades del fútbol mundial han prohibido que eso se haga. Como no tienen otra solución (terminado el partido no hay posibilidad de cambiar su resultado, salvo alguna excepción que no conocemos) prefieren que ese error se desconozca, lo que implica por un lado una forma de censura y por el otro preferir el hecho consumado a pensar en alguna otra posible solución. Si hay alguien, fuera de la cancha, desde algún lugar de privilegio, mirando el partido por televisión y comunicado con el árbitro, ese alguien puede decir lo que pasó a menos que algún interés inconfesable le mantenga la boca cerrada.

Para las sabias autoridades del fútbol mundial les convendría tener como árbitro alguien como aquel personaje tan simpático de un dibujo animado, el recordado Mr.Magoo, que bien podía confundir a una morsa con algún miembro de la aristocracia británica, como ocurría en una de sus cortos. El árbitro y los linesman que parecen tener un concepto bastante discutible de lo que es el offside y otras jugadas. Es indudable que el fútbol se ha alineado con la gran cantidad de aquellos que entienden la eficacia de ser partidarios del hecho consumado, de esa aberración tan común.

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