Dom 27.06.2010
turismo

El descubrimiento de un aviador

En 1937, un intrépido aviador que exploraba territorios desconocidos descubrió por casualidad desde el aire un altísimo salto. Aquel piloto era un norteamericano llamado Jimmy Angel, quien se quedó pasmado ante la visión del salto que años después llevaría su nombre. Pero el origen de este descubrimiento se remonta a 1920, cuando Angel conoció en un bar de Panamá a otro norteamericano que se le acercó con un planito en la mano. Quería que lo condujera a un lugar señalado al sur del río Orinoco, donde necesitaba aterrizar. Angel no demostró mucho interés y, tratando de deshacerse de aquel individuo, le dijo que sí, pero que sus servicios costaban 5 mil dólares, una pequeña fortuna para la época. A la mañana del día siguiente, el extraño personaje apareció con un cheque por el monto exigido. Volaron con tiempo lluvioso en un monomotor Ryan Flamingo y aterrizaron sobre una pequeña sabana a la vera de un río. Allí permanecieron una noche y una tarde, el tiempo que le llevó al pasajero explorar una zona cercana de la que volvió con varios sacos llenos con 60 libras de pepitas de oro que evidentemente tenía ocultas en un sitio muy bien identificado. Tiempo antes, el buscador de oro y un compañero habían encontrado en la selva un lugar donde el oro estaba a flor de tierra.

Después de ese viaje, el aviador voló innumerables veces sobre la zona de los tepuy, tratando de encontrar Eldorado venezolano, ya que no recordaba el sitio exacto al que llevó a su misterioso pasajero. En uno de esos vuelos, Angel sobrevoló con un amigo la meseta del Auyantepuy, donde vio por primera vez la famosa caída de agua que hoy lleva su nombre.

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