Mié 19.05.2010

13:33  › TRAS LA RENDICIóN DE LOS CAMISAS ROJAS

En Tailandia continúa la violencia

El gobierno tailandés no logra controlar los numerosos incendios y actos de violencia callejera en Bangkok y en las regiones del norte del país. Más temprano, un asalto militar al campamento de los "camisas rojas" dejó seis muertos y condujo a la rendición de los líderes de la protesta. Las autoridades decretaron un toque de queda en Bangkok y en 23 provincias del país.

La operación militar para desalojar el elegante barrio turístico y comercial de Bangkok que los "camisas rojas" ocupaban hacía desde semanas comenzó a primera hora de la mañana. El ejército envió tanques y a cientos de soldados a la zona roja tras abrir una brecha en una barricada de neumáticos, bambús y alambrado.

Tras dos meses de manifestaciones, al principio pacíficas y luego salpicadas por incidentes violentos y varias sesiones de infructuosas negociaciones, el ejército logró, en apenas unas horas, neutralizar la zona y forzar a los líderes del movimiento a renunciar.

En los enfrentamientos murieron al menos seis personas, entre ellos un fotógrafo italiano, Fabio Polenghi, que recibió una bala en el corazón y otra en el abdomen, según los servicios de urgencias. Un total de 58 personas resultaron heridas, en ellas al menos otros dos periodistas, un holandés y un canadiense.

Los líderes de los manifestantes, que reclamaban la dimisión del primer ministro Abhisit Vejjajiva, anunciaron que se entregaban a las autoridades, en una intervención cargada de emoción en el estrado instalado en el corazón de la zona roja. "Vamos a canjear nuestra libertad por vuestra seguridad. Hicimos todo lo que pudimos. Le pido a todo el mundo que vuelva a su casa", afirmó uno de los líderes de los camisas rojas, Nattawut Saikua.

Luego, la Bolsa de Bangkok, varios centros comerciales, entre ellos el gigantesco Central World y sus tiendas de lujo, así como los locales de un canal de televisión con 100 personas en su interior, fueron incendiados por manifestantes. Columnas de humo, provocadas también por innumerables neumáticos en llamas, se alzaron por todas partes. El gobierno reconoció que algunas zonas de la ciudad estaban todavía fuera de su control, al tiempo que el ejército prometía "ocuparse de los que provocan los disturbios".

"Esta noche volverá a ser una nueva noche de sufrimiento", afirmó el portavoz del Gobierno, Panitan Wattanayagorn. Ante la declaración del toque de queda, una unidad de élite de la policía recibió la autorización para disparar contra los saqueadores y los agitadores, mientras que todos los canales de televisión pasaron a difundir programas bajo el control del gobierno.

La violencia se apoderó también del noreste del país, una región agrícola y pobre de donde son originarios muchos de los "camisas rojas". El gobierno anunció haber extendido el estado de emergencia, que facilita el control de las manifestaciones, a dos provincias cercanas a la frontera con Laos: Kalasin y Mudkahan. En la misma región, miles de manifestantes incendiaron la sede del gobierno de la provincia de Udon Thani, informó el gobernador Amnat Pagarat, asegurando que el ejército había retomado el control.

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