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Domingo, 15 de diciembre de 2002
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Ideologia y praxis de la antiglobalizaci贸n

Rebeldes nada primitivos

Los intereses de los trabajadores del Primer Mundo son competitivos y no complementarios con los del Tercero, dice esta nota.

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Quemando una bandera norteamericana sin necesidad de padecer las penurias latinoamericanas.
Por Claudio Uriarte

La fascinaci贸n de los antiglobalizadores del Primer Mundo con el derrumbe argentino no debe hacer olvidar que es estrictamente eso. Vale decir: es una fascinaci贸n por un derrumbe catastr贸fico del capitalismo globalizado, no una receta para superarlo. En realidad, es una receta para no superarlo. El motivo est谩 en la naturaleza del movimiento antiglobalizador del Primer Mundo.
Dos grandes corrientes lo integran, a grandes rasgos. Una est谩 formada por j贸venes universitarios de clase media que ventilan su spleen existencial protestando contra el consumo, las marcas, la vida urbana y las cadenas de cafeter铆as Starbucks, y que tienen suficiente dinero para contratar charters con destino a la protesta revolucionaria y protercermundista en ciudades tolerantes y agradables como Londres, Florencia o Seattle. La otra est谩 compuesta de trabajadores blue-collar y peque帽os y medianos empresarios asustados por la exportaci贸n de puestos de trabajo al Tercer Mundo. Los globalif贸bicos dicen identificarse con la causa de los oprimidos del Tercer Mundo, pero los oprimidos del Tercer Mundo no tienen nada que identificar en la ideolog铆a y praxis de los globalif贸bicos. Primero, porque los problemas de los desocupados argentinos no son el consumo, las marcas, la vida urbana y las cadenas de cafeter铆as Starbucks, sino la desaparici贸n progresiva de todas esas cosas; segundo, porque los intereses de los trabajadores del Primer Mundo son competitivos y no complementarios con los del Tercero. Si el motivo de la juventud dorada es una idealizaci贸n un tanto reaccionaria del mundo premoderno, el del blue-collar y los peque帽os y medianos empresarios es evitar que el capital fugue a pa铆ses y regiones donde los sueldos y las condiciones de trabajo son inferiores. T铆picamente, sindicatos como la AFL-CIO estadounidense y sus contrapartes europeas proponen que se proh铆ba comerciar o invertir en pa铆ses con par谩metros laborales m谩s laxos, pero el motivo no es el altruismo ni la preocupaci贸n genuina con las condiciones de los trabajadores de esos pa铆ses 鈥搎ue, de cumplirse las prohibiciones propuestas, ser铆an desocupados鈥 sino el intento de mantener las suyas: es obvio que el capital no va a desplazar sus instalaciones fabriles de Pennsylvania a China si no gana nada a cambio. Y deber铆a ser evidente que el inter茅s de los desocupados argentinos est谩 m谩s cerca de los exportadores de capital que de los que quieren mantenerlo en fortalezas proteccionistas cerradas en el Primer Mundo.
Los antiglobalizadores del Primer Mundo nunca se privan de integrar en sus marchas a variadas delegaciones de ind铆genas y campesinos del Tercer Mundo. Es m谩s que una cuesti贸n folkl贸rica de color local agregado: del mismo modo que se fascinan con el derrumbe argentino, los seguidores de este movimiento quieren que los indios preserven su condici贸n 鈥搇o que equivale a decir: su atraso y su miseria鈥. Que estas manifestaciones de frivolidad y ego铆smo de ni帽os ricos que tienen tristeza se consideren 鈥渄e izquierda鈥 es la paradoja mayor.

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