Calles de tierra. Obradores. Perros. Charcos. Cambio. Trabajo. Chicos. Entusiasmo. Cemento. Sue帽os. Estos ser铆an los tags (palabras clave) si la nota fuese digital. La cr贸nica en la villa 15, m谩s conocida como Ciudad Oculta, habla de la tit谩nica transformaci贸n del ex hospital conocido como 鈥渆lefante blanco鈥 y de los dos obradores que se est谩n construyendo como parte del Plan piloto de capacitaci贸n en construcci贸n de viviendas, que se inici贸 el 16 de octubre a instancias del Ministerio de Derechos Humanos y Sociales del Gobierno de la Ciudad y de la Asociaci贸n Madres de Plaza de Mayo. Para llegar hasta los obradores hay que adentrarse en la villa, ir por calles de tierra con charcos que a煤n no escurrieron la 煤ltima lluvia, caminos internos llenos de ni帽os y de perros flacos que perdieron su capacidad de asombro.
Mirta est谩 en el primer piso del primero de los dos obradores. Ajusta con una pinza los metales del enrejado que recubren los paneles de tergopol, que en unos d铆as ser谩n paredes iguales a las que est谩n listas en la planta baja. Tiene 39 a帽os, 7 hijos, ning煤n marido. En estos d铆as est谩 鈥揷uenta鈥 instalando los esquineros de hierro. Aunque mucho tiempo lo dedica a hacer el enrejado. 鈥淟o veo como una opci贸n de trabajo porque lo puedo hacer sin problemas. Ya aprend铆 a hacer el hormig贸n, el cemento para la pared 鈥搎ue no es el mismo que el del piso, eh?鈥, instruye sobre su nuevo oficio de alba帽il. Es que en este emprendimiento el 30 por ciento de quienes trabajan son mujeres que dan sus primeros pasos en el rubro de la construcci贸n. Si bien las tareas en la villa 15 comenzaron antes, el porcentaje de mujeres es una intenci贸n concreta que se inscribe dentro de la pol铆tica de igualdad de g茅nero presentada oficialmente el pasado 12 de este mes por el Gobierno de la Ciudad.
La historia de Mirta habla de una infancia y adolescencia en la provincia de Jujuy, con mucha pobreza y ninguna ilusi贸n. Trabaj贸 en tareas rurales, tambi茅n en limpieza de casas. A los 25 a帽os la promesa de un trabajo la empuj贸 a Buenos Aires. Aqu铆 se junt贸 con el padre de sus hijos. Pero el trabajo prometido volvi贸 a ser limpiar alguna casa cada tanto y lavar y planchar ropa por encargo. 鈥淒esde que consegu铆 el plan Jefas y Jefes estuve un poquito mejor, pero son 150 pesos. Ahora cambi贸 todo.鈥 鈥淎hora鈥 empez贸 el 16 de octubre, cuando empez贸 a cobrar 50 pesos por d铆a (300 por semana porque trabajan de lunes a s谩bados) y a aprender un oficio. 鈥淭rabajo, luego voy a mi casa y tengo una cantidad de dinero. Es como que mis hijos no necesitan un pap谩 ahora. Tanto sufrieron cuando se fue y ahora no les hace falta. Porque yo soy todo鈥, dice con orgullo. 鈥淎dem谩s, antes ten铆an al pap谩 pero no me ten铆an a m铆.鈥 Su rostro refleja que est谩 descubriendo ahora mismo lo que enuncia: 鈥淵 s铆, porque yo antes no sab铆a qu茅 hacer. No viv铆a, no sab铆a c贸mo darles de comer. 驴C贸mo pod铆an ir al colegio si no ten铆a ni c贸mo mandarlos? Ahora veo que mis hijos van al colegio, que est谩 todo bien. Por ah铆 los m谩s chiquitos no entienden mucho, pero cuando me ven llegar con la ropa de trabajo todos me creen que estuve trabajando鈥.
鈥淓sto es un sue帽o que nadie jam谩s hubiera pensado鈥, dice Mirta. 鈥淓sto鈥 es trabajar, aprender un oficio, construir su casa, no ser discriminada ni por pobre, ni por mujer, ni por nada. Y que 鈥渟e d茅 todo junto y en mi barrio. A m铆 me dieron ganas de vivir. Ese baj贸n que ten铆a... lo olvid茅 todo鈥, se entusiasma.
Mirta vive en una de las casillas de madera como el resto de sus vecinos que fueron v铆ctimas de un incendio en 2005. Y aunque no sabe exactamente cu谩l ser谩 su vivienda, s铆 que va a ser una de las primeras treinta y seis, porque esa tragedia dentro del hospital que nunca lleg贸 a terminarse les otorga una tard铆a prioridad. El edificio est谩 sobre la calle Piedrabuena, a dos cuadras de la avenida Eva Per贸n, en el barrio de Lugano. Dentro, funciona una dependencia de la Coordinaci贸n de Pol铆ticas Territoriales Urbanas 鈥搎ue est谩 a cargo del l铆der del movimiento Barrios de Pie, Angel 鈥淟ito鈥 Borello鈥 y es el organismo articulador del proyecto por parte del Gobierno de la Ciudad. En el hospital inconcluso, adem谩s, se est谩n construyendo las instalaciones de una guarder铆a y comedor infantil.
El modo de construcci贸n del plan piloto es un sistema en seco ideado en Italia. El sistema es t茅rmico, autoportante 鈥搉o se necesitan cimientos鈥, no se incendia, tiene bajo costo y tiempos de obra reducidos en relaci贸n con la construcci贸n tradicional. Pero sobre todo es propicio para aprender a ejecutarlo sobre la marcha. Cada casa construida en la villa 15 tendr谩 living comedor, ba帽o completo, toilette, tres dormitorios, calefacci贸n por losa radiante, caldera y servicios de electricidad, gas natural, agua corriente y cloacas.
En la selecci贸n de obreros que trabajan en el actual plan intervinieron, adem谩s del Ministerio de Derechos Humanos y la Coordinaci贸n de Pol铆ticas Urbanas, la Asociaci贸n Madres de Plaza de Mayo, los centros comunitarios: Jard铆n de los Abuelos, Volver a empezar (nucleado en Barrios de Pie), El elefante blanco (de la agrupaci贸n Desde abajo, de la CTA), y los comedores Los Chiquitos (del Frente Transversal), Chocolatada (del frente barrial 19 de Diciembre) y Mara (del Movimiento Evita).
鈥撀緾贸mo es trabajar en un rubro que hist贸ricamente fue de hombres?
Mirta se sonr铆e, sobradora:
鈥揈n mi turno somos cuatro mujeres. Y ellos, al final, se sorprenden. Porque a la postre nosotras laburamos m谩s. Entonces se quedan asombrados.
Eso que 茅ste es un trabajo pesado. Aunque es delicado tambi茅n, porque no pod茅s apoyarte mucho en ning煤n lado, ten茅s que estar parada. En la obra no hay d贸nde sentarte. Y tambi茅n ten茅s que estar cuid谩ndote un poco, por si acaso ellos te observan, qu茅 s茅 yo... a veces te hacen bromas y no sab茅s qu茅 hacer.
La juje帽a, como todos los que trabajan all铆, est谩 vestida con pantal贸n y camisa amplia azul con una inscripci贸n circular en color blanco que dice: Universidad de las Madres-Plan de pol铆ticas urbanas. Lleva borcegu铆es de trabajo y al quitarse los guantes se ven sus manos curtidas y d煤ctiles ya desde mucho antes de entrar a trabajar en la construcci贸n.
En la villa, al lado de cada obrador, hay unas casillas met谩licas donde est谩n las ropas de trabajo, los borcegu铆es, los guantes, los cascos. Ah铆 tambi茅n est谩n los representantes de las organizaciones que comparten la administraci贸n. Con esos 鈥渏efes鈥, como ella los nombra, no se animaba a hablar Elizabeth (veinte a帽os, la m谩s joven de su turno), durante los primeros d铆as de trabajo. Quer铆a decirles que a煤n estaba cursando el secundario y que estaba faltando a clase para ir a la obra. Que cada d铆a era para ella un sufrimiento por no asistir a la cursada de quinto a帽o. Pero que necesitaba el trabajo. Al cabo de una semana se anim贸: el resultado del di谩logo fue un cambio de horario para que pudiera cumplir con todo. Y le dieron una semana para terminar tranquila sus clases. Se alivia Elizabeth al decir que ya recibi贸 su diploma de bachiller gastron贸mico, porque aprob贸 todas las materias. Se la ve responsable, organizada. Su peinado, atado con min煤sculas gomitas, de a mechoncitos que rematan en una pareja cola de caballo, habla de su prolijidad. Mientras come un sandwich enorme en pan franc茅s (porque es la hora de la merienda) cuenta que, adem谩s, est谩 en pareja y tiene un hijo de 2 a帽os al que cuida su hermana. 鈥淎l principio me dol铆a todo. Mi primer trabajo y arrancar as铆...鈥. Habla de los paneles (las planchas de telgopor), de nivelar la tierra, de atar y poner esquineros de hierro. 鈥淧ero ahora ya me acostumbr茅鈥, y tal vez por eso pueda atreverse a so帽ar con 鈥渆studiar abogac铆a. En el secundario tuve un buen promedio. Me dijeron los de las Madres que tal vez me puedan becar. Vamos a ver...鈥, se ilusiona.
鈥撀縌u茅 hac茅s los fines de semana?
鈥揕os s谩bados llego, me ba帽o y saco al nene. Despu茅s, vuelvo, busco a mi marido y nos vamos los tres a comer, a pasear. Nos cambi贸 todo. Antes apenas alcanzaba para comer y estudiar.
鈥淵o me hab铆a anotado desde el primer d铆a. Porque me dije: 鈥楨se es mi rescate鈥. Pero no me daban la oportunidad.鈥 Claudia necesitaba un trabajo. Pero tambi茅n poder salir de su adicci贸n, que desde hac铆a ocho meses se llamaba paco (PBC, pasta base de coca铆na) y que antes, por dieciocho a帽os, se llam贸 coca铆na. Dos veces estuvo internada en centros de rehabilitaci贸n y hasta vivi贸 unos meses en la c谩rcel. 鈥淧ero eso fue hace muuucho鈥, dice.
鈥撀緾u谩ndo?
鈥揧, en el 2001.
Claudia es bajita y menuda. Tiene ojos vivaces y el flequillo casta帽o asoma bajo su casco. Cumpli贸 30 a帽os pero parece estar tan 鈥渄e vuelta鈥 como si hubiese vivido una eternidad. La mayor de sus cinco hijos tiene diecisiete, el menor dos a帽os. Esta madre nunca antes tuvo un trabajo. S贸lo robaba. Para comer y para drogarse.
鈥撀緼 m铆 tambi茅n me vas a preguntar? 鈥揾ab铆a provocado un rato antes esta chica con pinta de petardo que va a explotar en cualquier momento.
鈥淵o me hab铆a anotado pero no me llamaban. Hasta que un d铆a, harta de que no me llamen, lo encar茅 al Pocho (uno de los capataces). Apenas lo conoc铆a de vista, ojo, eh, que no fue por amistad. Le dije: 鈥楽i me dan la oportunidad, yo me salvo鈥. Le cont茅 mi problema. El Pocho me dijo: 鈥楨sperame ac谩鈥. Al rato volvi贸: 鈥楨mpez谩s el lunes鈥. En este trabajo me escucharon, no me discriminaron. Eso vale mucho, entend茅s?鈥 A medida que avanza en su testimonio la dimensi贸n de su esfuerzo y de la oportunidad brindada, crecen: 鈥淵o estaba metida en un pozo del que no pod铆a salir. Me drogaba todo el d铆a. Porque ac谩 adentro (de la villa) el paco se ve todo el tiempo. Las 24 horas. Pero yo hace quince d铆as que estoy limpia.
鈥撀緾贸mo hiciste para no consumir m谩s?
鈥揗ir谩, yo me laburo todo ac谩 y vuelvo a mi casa hecha mierda de tanto trabajar. Me re-canso. Lo 煤nico que quiero es llegar, tomarme unos mates. Pienso en que los s谩bados tengo un sueldo y en que estoy con mis hijos.
Porque tambi茅n del dolor de estar separada de sus hijos sabe esta mujer menuda que tiene una coraza m谩s dura que el casco azul que lleva en su cabeza. 鈥淵o lo que necesitaba era tener qu茅 darles de comer a mis chicos, trabajar. Por eso ahora, como estoy, estoy bien. Y no creo que nada me impida seguir as铆. Si hasta pude varias veces decir que no (al paco), porque me ayuda el ambiente que hay ac谩 adentro. Los del emprendimiento te dan una mano. Cuando pensaba en esto, nunca me imaginaba que era as铆: todos me aprecian, me apoyan, hablamos de todo. Ac谩 en el trabajo me ayudan a m铆 y yo, cuando llego a casa, lo ayudo a mi esposo. Porque 茅l tambi茅n dej贸 el paco. Por ahora est谩 cuidando a los chicos. Est谩 anotado en las listas, pero todav铆a no lo llamaron.鈥 Las otras mujeres 鈥搚 algunos hombres鈥 la vivan: 鈥溌ale, Clau!鈥.
鈥淵o ac谩 tengo todo鈥, resume Claudia. Un oficio, un trabajo, una familia, un cambio, un sue帽o que se hace realidad en cada pared que levantan estas mujeres desde el 16 de octubre. Cuando en la villa 15 se empez贸 a construir, tambi茅n, un nuevo lugar en el mundo para la igualdad de g茅nero.
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