Carrera y Fracassi
Daniel Guebel
Sudamericana
316 págs.
Si existiera algo asĂ como el “horario de protecciĂłn al lector”, una voz en off quizá nos prevendrĂa: “el siguiente libro contiene escenas escatolĂłgicas y lenguaje soez”. Y es que Carrera y Fracassi, de Daniel Guebel –texto que sigue y exacerba la lĂnea del humor, el delirio y el grotesco de sus novelas La vida por PerĂłn (2004), El perseguido (2001) y El terrorista (1998), y que confirma a su autor en ese lugar de escritor humorĂstico en que la crĂtica lo situĂł ya en sus comienzos– se vale desprejuiciadamente de un material que suele “quedar mal” en la literatura: el acerbo chabacano y vulgar de las groserĂas.
Carlos “Cacho” Fracassi es el vendedor-estrella de Sunbeam, una empresa de electrodomĂ©sticos de la que tambiĂ©n es empleado Julio CĂ©sar Carrera, un tipo tĂmido y pusilánime, que no le puede vender una licuadora ni a su madre, y a quien su mujer considera el “hombre más aburrido del mundo”. Fascinado por la personalidad avasallante y ganadora de su compañero, y al cabo de algunas charlas de cafĂ© en las que no logra sonsacarle el secreto de su Ă©xito, Carrera invita a Fracassi a cenar a su casa sin imaginarse que Ă©ste terminará seduciendo a su mujer casi delante de sus propias narices. AsĂ empieza esta comedia de enredos en la que sus protagonistas (amigos a pesar de ese asunto de cuernos) se ven arrastrados por una vorágine de disparatadas peripecias que incluye desde un pacto que Fracassi hace con el diablo para manejar por un dĂa una Ferrari Testarossa, o un robo que ambos cometen en la empresa para la que trabajan, hasta una travesĂa que por culpa de Carrera (que aprieta, distraĂdo, un botĂłn rojo con el codo) los termina propulsando en un cohete hacia la Luna.
Ya Mijail Bajtin, en su cĂ©lebre estudio sobre Rabelais, daba a entender que las groserĂas son algo asĂ como los parias del lenguaje. Y la voluntad de Guebel de hacer de Fracassi un personaje “boca sucia” –que es capaz de contar con lujo de detalles, a lo largo de casi cuatro páginas y en medio de una cena, los excrementicios avatares en los que desemboca una constipaciĂłn que le dura una semana– lleva a un extremo el trabajo que el autor ya venĂa realizando con la lengua coloquial de la clase media. Pero más allá de la osadĂa de Guebel de elaborar una novela por momentos “malhablada”, y de la agudeza de su oĂdo para captar ese tono ramplĂłn que caracteriza tanto a Fracassi como al narrador del texto, no hay indicios allĂ de un experimento de degradaciĂłn del lenguaje literario, ni una bĂşsqueda por convertir la vulgaridad en algo estĂ©ticamente interesante.
Objetarle esto a Carrera y Fracassi –una novela que apareciĂł originalmente en España a mediados de 2004, y que tuvo una buena acogida de parte de la crĂtica española– no supone necesariamente enarbolar las banderas (anacrĂłnicas, ridĂculas) de las “bellas letras”, ni hablar desde el prejuicio (a esta altura, indefendible) de que un texto cĂłmico es light o de menor valor estĂ©tico que otro. Guebel no logra aprovechar esa incursiĂłn al universo del “medio-pelo” argentino para trascender su afán parodista. Si Guebel quiso escribir –como anticipĂł en una entrevista– “una nueva versiĂłn, local y patĂ©tica, del Quijote”, lo que le saliĂł más bien es una cruza entre Laurel & Hardy y Olmedo y Porcel degradada por una “guaranguerĂa” efectista, que busca provocar la risa del lector sin adentrarse del todo en las sendas más sutiles del sarcasmo y la ironĂa.
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