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Domingo, 25 de julio de 2004
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Poemas compactos

El soneto, popularizado por Petrarca, no es una fórmula poética casual. Su compacidad (garantizada por la estructura fija de los versos y el cerrojo de las rimas) equivale a la formación de los modernos estados nacionales. En el fondo, Petrarca poetiza la larga marcha de la burguesía hacia una cultura internacional y global, con sus problemas de conciencia y sus dilemas políticos. A continuación, una selección de poemas como muestra.

El sujeto desgarrado

No encuentro paz, y no tengo con qué combatir
y temo, y espero; y ardo, y soy un hielo;
y vuelo sobre el cielo, y yazgo en el suelo;
y nada aprieto, y todo el mundo abrazo.

Alguien me tiene en una prisión y no la abre ni cierra,
y no me considera suyo ni suelta el lazo;
y no me mata Amor, y no me libra,
y no quiere verme vivo ni me salva.

Veo sin ojos, y no tengo lengua, y grito;
y mi anhelo es morir, y pido ayuda;
y a mí mismo me odio, y a otro ser amo.

Nútreme dolor, y llorando río;
igualmente me hastían muerte y vida:
en este estado estoy por vos, señora.

Soneto 134

Feliz en sueños, de sufrir contento,
de abrazar sombras y perseguir la brisa del estío,
nado en el mar que no tiene fondo ni orilla,
aro en el agua, construyo en la arena y escribo en el viento,

y anhelo aquel sol que ya ha apagado
con su esplendor mi capacidad de ver;
y doy caza a una cierva errabunda y fugitiva,
montado en un buey cojo, enfermo y lento.

Ciego y cansado para todo, salvo para mi daño,
que día y noche ansiosamente busco,
sólo amor y mi señora, y Muerte, llamo.

Soneto 212

La corte papal de Aviñón

Llama del cielo llueve sobre tus trenzas,
oh malvada, que desde el agua y las bayas
has llegado a ser rica y grande por la pobreza ajena,
puesto que el obrar mal tanto te place:

nido de traiciones en que se incuba
todo el mal que por el mundo hoy se expande,
del vino sierva, de los lechos y las viandas,
en que lujuria muestra su extrema fuerza.

Por tus estancias, jovencitas y viejos
van intrigando, y Belcebú en el medio
con los fuelles, y con el fuego y los espejos.

No fuiste tú criada entre frescor de plumas,
sino desnuda al viento, y descalza entre las estacas:
ahora de tal modo vives que hasta Dios ha de llegar el hedor.

Soneto 136

Tomados de Todos los poemas
(traducción de Atilio Pentimalli)

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