El Concejo municipal de Rosario se acerca a la disputa polÃtica interna que iniciará con los recambios institucionales del 10 de diciembre. Es que con la nueva composición, el cuerpo queda en un empate entre oficialismo y oposición que hará las cosas más difÃciles, o más interesantes si se quiere. Por eso, en los dÃas que pasaron el intendente Miguel Lifschitz se apuró a revivir el diálogo polÃtico que habÃa languidecido antes de las elecciones por lógica tensión entre las distintas fuerzas.
En el marco de ese equilibrio de fuerzas en el Palacio Vasallo, cada voto vale el doble y si no que le vayan a preguntar a Alberto Cortés de Proyecto Sur y a Laura Weskamp del PRO que ya empezaron a notar que muchos -de pronto están interesados en un buen trato con ellos y hasta en un entendimiento polÃtico.
Con todo, el centro de la disputa pareció concentrarse en un momento en el sillón de la presidencia que ocupa Miguel Zamarini. Es más, el socialista ya hacÃa cálculos de las ventajas y desventajas de dejar o permanecer en ese sillón. La oposición se erigÃa como destinataria de ese lugar después de las elecciones del 27 de setiembre y el oficialismo reconocÃa que aunque hubiese perdido la mayorÃa automática (un término que disgusta al intendente), seguÃa siendo la primera minorÃa y por ende conservaba el derecho a designar al presidente que -lógicamente volvÃa a ser Zamarini.
Al parecer esta disputa ya ha sido zanjada. Y es que desde la oposición, sobre todo desde el justicialismo, comprendieron que no eran muchas las ventajas polÃticas que obtenÃan. Sobre todo lo observó el concejal del PJ Arturo Gandolla, sobre quien habÃa consenso para su postulación. Gandolla -que ya ocupó la presidencia del Concejo años atrás- comprendió que en las votaciones empatadas serÃa él que deberÃa ejercer el doble voto y desempatar en contra del Ejecutivo, lo que lo pondrÃa en una tensión permanente con la administración del intendente. A la vez, con él arriba del estrado, la oposición también perdÃa un voto abajo, en el hemiciclo. Por eso, y bien ajustada las prácticas peronistas, la salida fue la siguiente: Que el oficialismo conserve la presidencia, pero desde la oposición se va a pelear la conducción de las comisiones estratégicas.
El jefe de la bancada socialista Manuel Sciutto está dispuesto a ceder comisiones en el marco de esa negociación, pero difÃcilmente lo haga con facilidad en las estratégicas como son Gobierno, Presupuesto y Hacienda, y Servicios Públicos. Por allà pasan las principales iniciativas del gobierno municipal y serÃa muy costoso desde el punto de vista polÃtico dejarlas en control de los opositores. Un voto más o menos en cada comisión puede significar que los despachos lleguen al recinto para ser tratados con mayorÃa simple o impliquen que queden trabados en esas comisiones con la necesidad de buscar demasiado consenso para reunir dos tercios a la hora del tratamiento, es decir una mayorÃa especial.
De cualquier manera, el intendente -y no sólo en Rosario-, tiene por Ley Orgánica un poder mucho mayor al del Concejo de su localidad. Que si bien puede hacerle pasar momentos difÃciles, son muy raras las ocasiones en las que pueda llegar directamente a bloquearle la gestión. En un paÃs presidencialista como este, hacia abajo también se reproduce el mismo juego de equilibrios. De todas maneras, un cuerpo de punta con el Ejecutivo sà puede llegar a ser un dolor de cabeza a la hora de tratar temas centrales para la ciudad.
En Rosario, la pérdida de la mayorÃa automática del oficialismo significa apenas una mayor predisposición al consenso más acentuada de la que el intendente y sus concejales ya venÃan esforzándose por mostrar. Siempre Lifschitz y los ediles de su partido trataron de reunir el mayor apoyo posible para las votaciones, en el entendimiento de que no es bien visto polÃticamente este ejercicio de "bajar los votos" en el recinto y terminar de manera abrupta las discusiones de cualquier Ãndole. Bueno, ahora habrá que reunir los apoyos en serio y en el marco de un escenario en el que ya se perfila el 2011, cuando vuelva a disputarse nada más y nada menos que la intendencia de la ciudad.
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