"Cuando él falleció, para mà fue un golpe tan terrible, entonces lo que me daba aliento para seguir viviendo era hacerle justicia. Hicimos todos los movimientos posibles, pero tuvimos que esperar 32 años para que se llegara a este juicio", dijo ayer Ethel Cambiaso en el juicio oral y público por el secuestro y asesinato de su hermano, Osvaldo, y de Eduardo Pereira Rossi, el 14 de de mayo de 1983. Por ese crimen, en los últimos meses de la dictadura cÃvica militar, están acusados doce represores, entre ellos el ex presidente Reynaldo Bignone, los ex policÃas bonaerenses Luis Patti y Juan Spataro, el ex jefe del Destacamento de Inteligencia 121, Pascual Guerrieri, los ex militares Carlos Lucena, Luis Muñoz y Rodolfo RodrÃguez, como asà también el Personal Civil de Inteligencia, Ariel Porra, Walter Pagano, Ariel López, Juan Cabrera y Carlos Sfulcini. "A nadie le cabÃa duda de que habÃan sido fusilados", relató Ethel, psicóloga, que exigió ver el cadáver de su hermano cuando hacÃa pocos dÃas que habÃa muerto. Por una perito de parte supo que su hermano "sufrió tortura pre-mortem". Y se enteró "por medios televisivos" del asesinato, al volver de una marcha que se realizó el martes 17 de mayo de 1983 desde la plaza 25 de mayo a la plaza San MartÃn, para exigir la aparición con vida de los dos militantes montoneros. "Paso, paso, paso, devuelvan a Cambiaso", decÃan los manifestantes.
En esa marcha, Ethel y Gladys, su otra hermana, pidieron ayuda a la Iglesia. "Entramos al Arzobispado, donde nos atendieron bien, pero ya no recuerdo la respuesta que nos dieron", dijo la mujer. Los testigos estaban aterrorizados, no querÃan saber nada con ir a Tribunales a contar lo que habÃan visto en el bar Magnum aquella mañana ventosa del sábado 14 de mayo, cerca del mediodÃa. "Las personas estaban atemorizadas, el diariero de la esquina, a una cuadra estaban los Bomberos, que no se movieron. HabÃan liberado la zona", relató Ethel.
La mujer ya habÃa llegado hasta AmnistÃa Internacional para proteger a su hermano, preso desde marzo de 1971 hasta marzo de 1973, durante la dictadura de AgustÃn Lanusse y luego, desde diciembre de 1975 hasta mayo de 1982. Osvaldo Cambiaso pasó nueve años preso. "Mi hermano era una excelente persona. Era muy, muy, muy querido. Por sus compañeros de estudios, de militancia y de presidio, fue muy querido por toda la gente que lo conoció", recordó.
En 1983, Cambiaso formaba parte de Intransigencia y Movilización Peronista, actuaba "con total transparencia", al punto que tenÃan un local partidario en Urquiza entre Mitre y Entre RÃos.
La audiencia de ayer fue intensa. Hugo Basso era un estrecho compañero de militancia de Cambiaso, y también habÃa convivido en México con Pereira Rossi, a quien veÃa poco en la Argentina, porque Pereira Rossi todavÃa estaba en la clandestinidad. "Tanto Osvaldo como Carlón eran mis jefes en Montoneros. A Carlón lo conocà en el año 80, en una reunión de la organización, después me encontré con él en México, que vivió en mi casa en 1981, y después nos fuimos a San Pablo. Lo seguà viendo cuando regresamos al paÃs, después de la guerra de Malvinas. A Cambiaso lo conocà acá, en 1982", relató Basso, quien tenÃa contacto diario con "El Viejo" (asà le decÃan a Cambiaso) al punto que no sólo militaban sino que también trabajaban juntos en un taller de fotocomposición que habÃan instalado en Paraguay y San Lorenzo.
El dÃa que Cambiaso y Pereira Rossi fueron secuestrados, Basso planeaba ir con "El Viejo" a la inauguración de una unidad básica en Rufino. Sobre el local partidario en Rosario, Basso recordó que "estaba abierto al público, estaba identificado con un cartel, funcionaba como unidad básica". Si bien la actividad era totalmente legal, sabÃan que los espiaban. "Todos estábamos vigilados", admitió. Carlón era, todavÃa, clandestino. "Nuestra actividad de sumar la organización a la democracia acarreaba riesgos muy grandes para los compañeros con más responsabilidad, para los más buscados", dijo Basso, quien ratificó que ninguno de los dos llevaba armas. "Ya hacÃa un tiempo que no iban armados. A Cambiaso nunca lo vi armado, y a Carlón sÃ, pero para esa época ya no", detalló. Incluso, contó que unos dÃas antes se habÃa encontrado con Carlón en una esquina céntrica, y habÃan ido caminando por la peatonal Córdoba: "Yo le decÃa 'sos unos de los tipos más buscados del paÃs y caminás por la peatonal'". AsÃ, quedó claro que -si bien estaba clandestino aún- Pereira Rossi confiaba en que no le pasarÃa nada.
A Basso le tocó despedir a Cambiaso, que fue velado en el local de Intransigencia y Movilización Peronista. "Lo despedà como lo que era, un jefe montonero, un militante popular", rememoró. Después, vinieron tiempos duros, de persecuciones, y también Basso debió esconderse tras el secuestro y asesinato de sus jefes.
En una jornada muy intensa, otra de las testigos fue Stella Ceresetto, que vivÃa con Pereira Rossi, en Rosario, cuando lo secuestraron. Se habÃan mudado a la ciudad unos 20 dÃas antes. "¿Qué tipo de relación tenÃa con él?", le preguntó el fiscal Federico Reynares Solari. "Me da vergüenza decirlo, pero era una relación de amor", contó ella. HabÃa conocido al Carlón en Cuba, en una guarderÃa para hijos de militantes montoneros. "Carlón era un tipo muy seductor, muy cariñoso, le gustaba el rock, le gustaba escribir poesÃa. Donde él estaba habÃa alegrÃa a su alrededor", relató la mujer ante el Tribunal presidido por Beatriz Baravani, que integran también Omar Digerónimo y Jorge Benegas Echagüe. "Yo veÃa que habÃa un clima de distensión, que habÃa mucha expectativa en las elecciones. TenÃan una actitud que a mà me parecÃa de descuido", relató. Sin embargo, el 30 de abril de 1983, cuando asesinaron en Córdoba a Raúl Yaguer, Carlón dijo: "Si quieren, nos matan a todos en una semana".
Aquella mañana del 14 de mayo, cuando Pereira Rossi salió de la casa, le dijo a Stella que se iba a encontrar con dos compañeros, y que no se preocupara, que estarÃa dentro de una casa. No estaba armado. "Estoy segura de que el dÃa que se fue de mi casa no tenÃa ni siquiera la Victorinox (navaja) que usaba", dijo. "Hasta el dÃa de hoy no entiendo por qué estaban en un bar", subrayó.
Otro de los testigos en una audiencia larga, inabarcable en una crónica de diario, fue Francisco Clarick, que militó en Santa Fe con Cambiaso. Habló con admiración de Osvaldo. "Era un militante digno, de una entereza...", dijo. Otro de los testigos fue Juan Griffo, cuñado de Pereira Rossi.
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