Jue 24.06.2010

DEPORTES • SUBNOTA  › OPINIóN

Sapadana

› Por Osvaldo Bayer

(El viejito del tablón)

Los alemanes sufrieron y sufrieron los 90 minutos. No sólo los de la cancha sino también los atentos a la pantalla y aquellos que no vieron porque les hace mal. Pero finalmente respiraron. Aunque los simpáticos negros de Ghana hubieran podido tener un poquito más de suerte. Un buen partido. Nervios. Muchos nervios y goles perdidos. Lahm, el mejor de la cancha. Los negros todos bien y todos a veces regidos por la ley de “a la bartola”. Pero buen manejo. Tal vez Alemania merecía ganar, pero Ghana merecía empatar, aunque si hubiesen ellos metido el primer pelotazo al arco, tal vez hubieran ganado. Pero el fútbol es así.

El director técnico alemán se mantuvo con mirada severísima durante todo el partido. Apenas pegó un salto ante el gol de los suyos, pero luego volvió a la misma expresión severa. Se ha ganado el título del Anti Maradona. Porque se comporta totalmente diferente. Al final, cuando terminó el partido ya se lo vio preparado para retar a sus jugadores. Es que quedaba el recuerdo de Serbia. Nunca podrán explicarse ellos cómo pudieron perder con Serbia.

Claro, porque un equipo que perdió con Serbia no puede ser campeón mundial, de acuerdo con la lógica germana. ¿Cómo se puede explicar esto? Está fuera de todas las reglas racionalistas. O se gana o se pierde, pero no se gana a los mejores y se pierde con el peor. Cómo explicarlo. Me dicen que ya es un tema en las universidades alemanas y que muchos estudiantes alemanes lo han elegido como tema de tesis.

Tal vez lleguen a la conclusión –después de profundos estudios psicológicos– de que el Poldi (Podolski) erró un penal con los serbios porque un día antes su novia le negó un beso. ¿O por qué lo expulsaron a Klose? Porque ese día andaba muy nervioso, ya que su mujer no lo había llamado por teléfono a la hora convenida. Claro, son temas que en el futuro hay que profundizar para poder interpretar el porqué de una derrota. Ya que en una cancha de fútbol se juega todo por una pelota y no por una cabeza como cantaba Gardel, refiriéndose a la carrera de pingos.

Pero esta vez podemos tranquilos comentar el partido sin tener que analizar tales profundidades. Los alemanes ganaron y por el momento no habrá ni suicidios ni internaciones por depresiones ni renuncias indeclinables.

Pero antes del golazo de Özil nos iba invadiendo el temor de tener luego, en la crónica, que encontrar una metaexplicación, y a esa hora uno ya no tiene ganas de meterse a leer a Heidegger en busca de claridad.

Después del primer tiempo, si hubiéramos visto el partido con Osvaldo Soriano, habríamos escuchado de él la definición: “Sapadana”. Sí, no pasaba mucho en el partido. Me acuerdo cuando mirando su San Lorenzo contra mi Rosario Central el Gordo dijo de pronto: “Sapadana”. Y yo no lo entendía y le pregunté qué quería decir. Y él, jodón como era, me contestó: “¿Y qué querés, que te lo diga en alemán?”. No le contesté, y luego de hacerme sufrir cinco minutos me lo tradujo: “no pasa nada”. Y me agregó en su tono provocativo de siempre: “aggiornate, pibe”.

Por eso, cuando anoche terminó el partido y los dos se clasificaron, dije en voz alta: “Sapadana”. Tranquilidad para los alemanes y alegría para los de Ghana.

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