Sáb 19.06.2010

EL PAíS • SUBNOTA  › TAIANA, UN FUNCIONARIO HISTóRICO DE LOS K

El imitador de Perón

› Por Martín Piqué

Para alguien tan acostumbrado a viajar como Jorge Taiana, su alejamiento del cargo que lo convirtió en viajero frecuente por el mundo significará un descanso y un esperado retorno a cierto sedentarismo. Ahora podrá pasar más tiempo en el restaurante Bella Italia, uno de sus reductos preferidos para conversar en confianza. Será el momento de retornar a sus pasiones, como el reacondicionado de su Citroën 2CV, la lectura permanente, la escucha de jazz y el relato de anécdotas que incluyan imitaciones de dirigentes famosos. Su emulación de Perón es el punto más alto de ese pasatiempo, un hobby que sólo prodiga ante pocos privilegiados. El presidente venezolano Hugo Chávez siempre le pide que la repita.

Selectivo a la hora de depositar su confianza, Taiana hace honor a ciertas tradiciones de la militancia de los setenta. Hijo del médico personal de Perón, estuvo preso sin condena en las prisiones de la dictadura desde 1975 hasta 1982. Primero en el penal de Sierra Chica, luego Rawson. Allí compartió el pabellón con otros detenidos que militaban en Montoneros, adonde había llegado desde la organización Descamisados. De aquellos años le quedó el trato con Carlos Kunkel y Juan Carlos Dante Gullo, hoy diputados del oficialismo, y con Rodolfo Ojea Quintana, compañero y amigo que lo secundó hasta ayer en la Cancillería.

En su círculo de confianza, Taiana es definido como un obsesivo por los detalles, con capacidad de trabajo –condición excluyente para mantenerse en pie en la hiperactividad K– y dificultades para convivir con las nuevas tecnologías. Su último y esforzado logro fue aprender a usar el Blackberry para revisar los cables diplomáticos. En ese celular pudo registrar los avances que se produjeron en los últimos días en varios frentes de conflicto de la política exterior: la confirmación de la visita presidencial a China; el respaldo a la Argentina por sus derechos soberanos en Malvinas en la reciente reunión de la OEA; el principio de acuerdo para que haya una inspección en las instalaciones de la pastera de Fray Bentos. “Esta había sido una semana inmejorable”, comentó ayer uno de los colaboradores de Taiana que giraba entre la desazón y la incredulidad. Pero lo que en la Cancillería era visto como un mérito, como un objetivo próximo a ser alcanzado, terminó en un problema. Un dolor de cabeza que se habría profundizado con un difícil intercambio con la Presidenta. La publicación de que Brasil podría sumarse al monitoreo del río Uruguay derivó en reproches. Cuando cortó la comunicación telefónica, Taiana sabía que había terminado su paso como canciller de los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Fueron cuatro años y siete meses. Había sucedido a Rafael Bielsa tras el cortocircuito de aquél con Kirchner por el incidente de la disidente cubana Hilda Molina en la embajada argentina en La Habana. Taiana llegó al Palacio San Martín precedido por su labor como uno de los organizadores de la Cumbre de Mar del Plata de 2005.

Hincha de River, fanático del asado, el ya ex canciller asumió como una de sus banderas personales la defensa de la soberanía argentina en Malvinas. “Tenemos que crear las condiciones políticas para que el gobierno británico tenga que sentarse a la mesa. Un aspecto muy importante es que la política de la Argentina en Malvinas sea asumida regionalmente”, dijo a Página/12 en una de las contadas entrevistas que concedió en los últimos años. Esa definición tuvo su primer resultado cuando Lula asumió esa postura en la última cumbre de América Latina y el Caribe, en Cancún.

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