Lun 15.08.2011

SOCIEDAD  › EL CAMBIO CLIMáTICO, EL LOBBY DE LOS PODEROSOS Y EL DESINTERéS DE LA SOCIEDAD

“¿Quién creería en algo tan incómodo?”

El experto Clive Hamilton, del Centro de Filosofía Aplicada de Canberra, Australia, visitó La Plata para el III Congreso Internacional sobre Cambio Climático. En diálogo con Página/12, describió los intereses que impiden progresar contra el cambio climático.

› Por Pedro Lipcovich

“¿Quién querría creer en algo tan incómodo como el cambio climático? Sobre todo, cuando hay poderosos lobbies dedicados a que desestimemos la cuestión.” Sobre esta pregunta, el investigador Clive Hamilton, profesor de Etica Pública en Australia, elabora una dura y hasta escéptica perspectiva del problema político, ético y sociológico que considera central. Hamilton se niega a que los países desarrollados puedan transferir su responsabilidad a los emergentes, ya que “no se trata sólo del comportamiento actual, sino del comportamiento histórico” en la emisión de gases de efecto invernadero. Pero observa que “los políticos que se niegan a actuar han adquirido más fuerza que nunca”, en relación con presiones de sectores ultraconservadores como el Tea Party en Estados Unidos. El prestigioso académico ofreció una de las conferencias centrales en el III Congreso Internacional sobre Cambio Climático y Desarrollo Sustentable, organizado por la Universidad Nacional de La Plata, y dialogó con Página/12.

“Contamos con una extensa evidencia científica; sabemos qué debemos hacer: la pregunta es por qué no lo hacemos. Las decisiones sobre cambio climático no son ya una cuestión científica, sino política y sociológica: por qué nos resistimos a la verdad del cambio climático”, preguntó Clive Hamilton, profesor de Etica Pública en el Centro de Filosofía Aplicada de Canberra, Australia, y respondió: “¿Quién querría creer en algo tan incómodo? Para todos es más confortable no creer. Lo que dicen los climatólogos es desconcertante, atemorizante. Y todos recurrimos a mecanismos para reducir el impacto emocional de las pruebas científicas”.

“Pero también –agregó– hay fuerzas políticas poderosas que refuerzan este no querer creer. Está documentada la acción del lobby que, especialmente en Estados Unidos, promueven las empresas de combustibles fósiles: no es sólo para influir sobre los gobiernos, sino sobre los colectivos sociales.”

–¿Hay antecedentes de un acuerdo internacional como el que se postula como necesario para frenar el cambio climático? –preguntó Página/12.

–Es difícil encontrar un hecho análogo. Quizá los tratados concretados en el marco de las Naciones Unidas sobre preservación de la Antártida o del espacio exterior, o los tratados de reducción de armamento nuclear. Pero ésta es una empresa diez veces más complicada que cualquiera de ésas.

–También en este marco se plantea el conflicto entre países desarrollados y en desarrollo...

–La falencia más grande del orden mundial desde la Segunda Guerra es la que tuvieron los países ricos en disminuir la emisión de gases de efecto invernadero. En el orden del cambio climático se plantea también una injusticia profunda entre naciones. Los países ricos deberían haber actuado antes. Y la cuestión debe ser considerada en términos históricos. Hoy China supera a Estados Unidos en la emisión de gases de efecto invernadero pero, históricamente, la emisión de Estados Unidos resulta mucho mayor. Y aún hoy, dada la diferencia de población, la emisión per cápita china no supera la cuarta o la quinta parte de la de Estados Unidos: cada estadounidense es responsable de tanta emisión como cuatro o cinco chinos.

–Si inciden factores económicos, políticos y psicosociales tan poderosos, como usted decía, ¿qué perspectivas hay de que pueda llegarse a un acuerdo fructífero?

–La situación no es buena. En Estados Unidos, las políticas sobre el clima están retrocediendo. Mientras la evidencia científica se acumula y se acumula, la aceptación pública de la evidencia disminuye. Ya desde hace tiempo vengo pensando que en ese país sólo habrá una toma de conciencia en serio cuando empiece a haber más y más estadounidenses muertos por eventos catastróficos en relación con el cambio climático.

–Su respuesta transmite escepticismo...

–Sí. Es que los actores políticos que se oponen a actuar contra el cambio climático han adquirido más fuerza que nunca. Por ejemplo, John McCain, destacado político republicano, en las décadas del ’90 y principios de la del 2000 defendía la necesidad de actuar, y ahora la pone en duda: está obedeciendo a las presiones del movimiento Tea Party. Hay fallas serias en el liderazgo. Dicho de otro modo: en el mundo hay muchos cobardes.

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