Sáb 19.06.2010
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TEATRO › PABLO MIKOZZI Y SU UNIPERSONAL POR EL LADO MáS BESTIA

El Lado B del ciudadano común

Los personajes que presenta el actor parecen hacer un llamamiento general a “hacerse cargo de lo que somos como sociedad”. Tras dar cuenta de paranoicos y reaccionarios varios, Mikozzi provoca: “¿No es casualidad que la gente ‘normal’ es justo aquella que no conozco?”.

› Por Cecilia Hopkins

En su unipersonal Por el lado más bestia, el actor Pablo Mikozzi muestra una colección de personajes extraídos de las calles de Buenos Aires, con la idea de hacer humor con el costado marginal y peligroso, paranoico y represor de la ciudad y sus habitantes. Pero además, junto a esa idea de explicitar “lo que muchos tienen ganas de decir aunque suene aberrante”, el actor filtra un sentido crítico de la realidad muy poco común. Mikozzi, que se presenta los sábados a las 21 en la sala Moulin Rouge de Rodríguez Peña y Corrientes, comenzó a foguearse en las veladas de Cemento, en los primeros ’90, cuando “el neoliberalismo no daba para hacer comicidad”, según recuerda hoy. Por entonces su obsesión era reeditar el under de los años ’80, movimiento que no había alcanzado a vivir en plenitud, razón por la cual armaba “escenas performativas que no hacían ninguna referencia a la televisión, con vestuarios de feria americana y sangre artificial”, como solía hacerse en el Parakultural o Mediomundo. Su primera criatura fue un personaje tan pesimista que, según hoy reflexiona en una entrevista con Página/12, “tal vez expresaba la idea que teníamos en ese momento en el under, de que el mundo iba a terminar”.

Después llegaron los bares, y con las técnicas de improvisación, bufón y recursos del café concert fue creando diversos personajes, desde los cuales llegó a homenajear a Batato Barea o a Alejandra Pizarnik. Estaba en eso cuando un productor lo vio y lo llevó a Canal 11 para que trabajara en las cámaras ocultas de VideoMatch. Allí se hizo conocido como el muchachito irrespetuoso que ponía los nervios de punta al padre de la novia. “Del canal me iba a San Telmo a actuar. Así me hice nómada y sin un lugar de pertenencia claro”, rememora. En esas idas y venidas, en tanto frecuentaba ambientes diversos, Mikozzi pulió su sentido de la observación. Sus personajes también pasaron por el circo de los Hermanos Videla y los espectáculos del payaso Chacovachi. Finalmente, después de tanto sketch y repentismo, el actor comenzó a pensar que necesitaba una mirada de afuera. Así fue como dejó que el director Tino Tinto les impusiera un orden a sus ocurrencias sin quitarle espontaneidad: “Tino me vio una intensidad desbandada, me emprolijó el estilo y me ayudó a darle un mayor valor teatral a lo que hacía”, afirma el actor.

Bajo la mirada de Tinto, entonces, armó el muestrario de sus criaturas que llamó Por el lado más bestia. Entre tantos shows de humor que coexisten en la cartelera teatral de estos días, lo que distingue al de Mikozzi es el contenido crítico que se desprende de cada personaje. “Busco mostrar el ‘lado b’ que todos tenemos dentro... ¿no es mucha casualidad que la gente ‘normal’ es justo aquella que no conozco?”, reflexiona y remata: “Creo que todos tenemos un lado marginal y peligroso, otro paranoide y represor, pero caminamos derechos para que nadie vea nuestra parte más oscura, nuestra parte más bestia”.

Uno de los primeros personajes del show es, precisamente, “el paranoico, una víctima de la manipulación social que hace que uno piense que después de las 20 horas cualquiera en la calle puede ser un ladrón”, según define el propio actor. Y con el personaje de Rey Lumpen, Mikozzi critica “la violencia de status que hace que la gente no vea literalmente hablando a los marginales de la calle, que los ignore. Será porque no queremos ver a quien está peor que uno mismo”. En pocos segundos, el actor aparece travestido en escena para interpretar a la rubia tarada que busca divertirse sin mordaza. Sobre todos los que no son como ella, la simpática conductora de la tremenda camioneta con champán a cuestas dispara juicios terribles. Querible y, seguramente, mucho menos cuestionado por su público, un hincha de fútbol se vuelve fanático de la terapia para inaugurar la barra brava del diván. Tal vez uno de los más cercanos al espectador actual sea el dependiente de Internet y el Facebook, que da cátedra sobre los locutorios, jueguitos y páginas porno. Por su parte, Miko es la síntesis del humorista alternativo que para sobrevivir tiene que animar cumpleaños infantiles en los countries y sufrir el ninguneo –o la crueldad– del adinerado público infantil de turno. Más o menos bestias, todos los personajes de Mikozzi parecen hacer un llamamiento general a “hacerse cargo de lo que somos como sociedad”, una toma de conciencia que, según afirma el actor, debió hacer primero él mismo, recorriendo las calles y usando su poder de observación en la construcción de sus criaturas. “De esa experiencia salen mis personajes y yo, como humorista”, manifiesta y concluye: “Tenemos la necesidad de reír, nuestro país pasó por tantas crisis, mentiras y robos, que se puso un poco triste. Creo que todavía nos falta humor. Reír con sentido alivia y da esperanza”.

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