Jue 21.07.2011
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NORMA CRECE, PERO NO ABANDONA SUS IDEAS

“Siempre vamos a estar a favor de la anarquía y el quilombo”

El sólido cuarteto platense, capaz de enlazar post-punk, post-rock y minimalismo en su “rockdostonos”, siguió inspirándose en la síntesis, la energía, la electricidad y la justeza para crear A, de pronta publicación. La artesanía y el discurso de una de las bandas más personales del under.

› Por Juan Ignacio Provéndola

La influencia masónica se respira en cada rincón de su traza urbana con símbolos y guiños para quienes quieran verlos: bastará unir visualmente las diagonales 73, 74, 79 y 80 con 77 y 78 para advertir una escuadra y un compás, símbolos por excelencia que encierran la plaza San Martín (el General, también, un amigo de la casa masónica). Son voces ocultas y secretos bien guardados debajo de la copa de los tilos o en cualquiera de esas casonas antiguas que miran de reojo el pulso universitario y el tono administrativo de la ciudad. Como esa casa chorizo centenaria sobre 49 y 7, en pleno centro platense, donde alguna vez funcionó la mítica sala de ensayos Purgatorio, que hoy es la base de operaciones de normA, la niña mimada del rock platense con nombre de señora mayor, que encierra en su mismo nombre de contranatura mayúscula la consigna de que la única regla es la falta de ellas. Una norma al revés, desviada, porque, como cantan ellos mismos en PC, “normA es para infradotados”.

Que La Plata encierra tantos misterios como ninguna otra ciudad del país entero no es una forzada figura poética sino una cierta realidad que cabe en ese cuadrado de 10 kilómetros cuadrados a la medida de la Generación de 1880. Podemos empezar con las diagonales que siempre se cruzan y a muchos pierden, para luego seguir con el arquero que apunta al rosetón de la Catedral desde el corazón de Plaza Moreno; los globos amarillos (ésos no, otros) que se extraviaron de los semáforos para hacer del rojo al verde un tránsito (vio)lento en nudos de hasta cuatro calles; las historias sobre resistencia universitaria en años de agitación política; o el bosque, ese lunar verde furioso que resume en el Anfiteatro del Lago; los estadios de Gimnasia y de Estudiantes; y el Museo de Ciencias Naturales. Las tres virtudes de la capital bonaerense: el arte, el fútbol y el conocimiento. Y de algún modo u otro, todo eso está presente también en normA.

Menos contratos multimillonarios, hits de formato radial y multitudes en sus shows, normA cosechó de todo en sus ocho años de servicio: grabaciones en diversos formatos, shows de todo tipo, una larga chorrera de videos y ristras de reconocimientos y condecoraciones. Una de ellas, mil pesos taca-taca que en 2008 les dio Mr E, un enigmático melómano platense que (junto a su esposa) bendice anualmente con dinero de su bolsillo a la que considera “banda del año”, y que elige en función de un transparente ciclo de reseñas que cada año hace de cada lanzamiento local. “Todo proyecto tiene una parte que es para adentro, y otra que es para afuera”, explica Sebastián “Chivas” Argüello, voz, guitarra y cerebro compositivo. “Tener repercusiones, ser elogiado y estar ternado sirve para decir: ‘Mirá, a la prensa le gusta lo que hacemos’. Pero, para adentro, no suma demasiado, en la medida en que no sirve para ser más creativo, para inspirarse y hacer canciones. Lo que sí creo que demuestra todo esto es el milagro de la música, que logra despertar el interés de un periodista para hacer una nota, o el de una persona para escucharte. Milagro que comienza por hacer juntar a cuatro tipos que viven de otra cosa para buscar un horario en común y ensayar una vez a la semana.”

El NO habló de normA varias veces; una de ellas para aludir a la escena post-punk local que lo tiene como uno de sus principales fundamentos. El santo y seña del combo completado por Gualberto de Orta en guitarra, Richard Baldoni en bajo y Pablo Coscarelli en batería está al tacto en el momento que sea, nombrando a Wire en Cable, alabando a los mods en Vespas, homenajeando a Virus en el tributo organizado por la fundamental Radio Universidad de La Plata o, simplemente, poniendo de fondo DVDs de Devo o de The Clash en medio de una conversación. Los caminos siguen a través de lo que ellos anuncian como rockdostonos, consigna hegeliana en la que la síntesis es una bandera flameada por guitarras cortadas a cuchillo, bases de shockroom y una voz repetitiva casi hasta el desquicio capaz de barruntar verdades tales como que “para uno estar bien, otros sufrirán”, “probablemente usen 150 chicos para hacer una remera cocodrilo” o “todos los estúpidos merecen educación”.

El “menos es más” del arquitecto alemán Ludwig Mies van der Rohe es tomado como propio de manera intencionada: los títulos de sus canciones se resumen inexorablemente a la laconicidad de un sustantivo o un adjetivo, mientras que sus dos discos oficiales apenas superan la media hora y monedas, tiempo que les alcanza para desarrollar descargas eléctricas de altas intensidades. En vivo, la propuesta se materializa con convulsiones sonoras y galones de sudor, así sea ante miles –como cuando telonearon a Interpol en el Gran Rex– o para los catorce audaces que los vieron alguna vez en el Anfiteatro de Ciencias Exactas de la UBA, a los que esa noche el cantante azuzó pidiéndoles que “griten como si fuesen muchos porque vamos a grabar un disco en vivo”. La actualización de todo esto es A, el tercer disco de normA, que pide pista para el mes entrante. “El título remite a una letra que es el origen de la palabra misma, lo más primitivo. Es el primer indicio de comunicación de una persona: ‘Ahhh’. Es una letra redonda, muy grande y abarcadora”, explica Argüello. Y Coscarelli asiente: “Qué buena representación. ¡Me convenciste!”.

A diferencia de Rockdostonos y normA, que fueron editados por Caladiscos (“que no es una fábrica de discos sino una energía entre amigos que se difunden mutuamente”, según Chivas), esta tercera obra saldrá al calor de Scatter Records, sello que acopió en The Tormentos y Satan Dealers a buena parte de la escena garagera criolla, y fue manipulado por el músico y productor inglés Graham Sutton, alma de Bark Psychosis (valor del género definido como post-rock), que trabajó con Jarvis Cocker y con Metallica. Los primeros demos fueron grabados en noviembre en Tolosa, el estudio de Gualberto de Orta; aunque el germen brotó al otro extremo del Cono Sur, cuando viajaron a Bogotá gracias a la conexión con un periodista y músico colombiano. “Lo conocimos en el Bafim, una muestra que era espectacular y no existe más. Vino a La Plata con su banda, nos organizó dos fechas en Bogotá y nosotros nos generamos tres más”, cuenta Chivas, mientras que Cosca amplía: “Parábamos en lo de un chico de otra banda, que tenía un estudio en la casa; así que era cuestión de levantarse, desayunar y grabar diez horas durante once días”.

Un EP con tres de estas diez canciones estuvo rondando por la red: en 746, Freezer y Habitación permanecen vigentes guitarras filosas, oraciones unimembres, bases hiperquinéticas y una oscuridad que todo lo domina, aunque con cierta pretensión de lograr nuevos detalles, texturas y microclimas. “En este disco buscamos otro sonido. El segundo lo grabamos en formato vivo porque sólo teníamos guita para tres días de estudio y no había otra opción”, explica el cantante. “Esta vez tuvimos la posibilidad de bandearnos un poco más, de acuerdo con el potencial de los temas, grabándolos con más tiempo para los arreglos y todo eso. Nos metimos en el estudio a trabajar eso que antes no habíamos podido hacer.”

–¿Ese corrimiento del registro sonoro es premeditado?

Chivas: –Es un proceso natural que se va dando. Son fichas que van cayendo, sucesos alrededor que te llevan a estar de una manera, a explorar cosas nuevas y a pasar eso a la música. Nos gusta cambiar y ver cosas novedosas, aunque siempre terminamos escuchando la misma música. Porque el espíritu siempre está, tampoco es que estamos haciendo temas melódicos. Las cosas que inspiran a hacer normA son, conceptualmente, más o menos las mismas: síntesis, energía, electricidad, justeza... ¡ser directos!

–Ustedes siempre colgaron en Taringa! sus grabaciones. Pero ahora ese foro sufrió conflictos legales por iniciativa de sellos y bandas. ¿Qué opinan del caso?

Coscarelli: –Nosotros lo hacemos a propósito. Antes de que lo pirateen con baja calidad, preferimos hacerlo nosotros con una mejor. Además es una buena forma de llegar más allá de la distribución de los discos.

Chivas: –Para nosotros, Taringa! siempre fue muy útil. Los que protestan seguramente son los que viven de eso, porque tiene registrado todo de una forma muy celosa y no quieren perder nada de su patrimonio, supongo. ¿Qué problema podés tener en que millones de personas se bajen tus canciones? ¡La guita, lo único! Si no, sería una visión muy cerrada. Nosotros no vivimos de la música, no vendemos millones de discos, entonces Taringa! es genial. Lo es todo Internet, en realidad. Ponemos nuestras cosas en Grooveshark, YouTube, MySpace, Facebook. Todas. Y que se las bajen, pero que después quede el compromiso de ir a un show, vernos en vivo y disfrutar esa forma también. Internet es nuestra forma de comunicación y siempre vamos a estar a favor de esa anarquía y ese quilombo.

–La Plata es una ciudad de innegable producción cultural. ¿Les sacaron todo el provecho a esa circunstancia?

Cosca: –Tocamos en todos lados. Plazas, bares, teatros. Incluso en fiestas privadas, como una para 200 personas con invitación en Gonnet, una zona de casas lindas y piletas. En su momento tuvimos ese espíritu de hacer el circuito de cumpleaños, facultades, barrios; pero no por plata sino para entrar en otro nicho. Es como ir por autopista, pero también por colectora, para ver qué hay, con qué te cruzás.

Chivas: –¡También tocamos en un cumpleaños de 15! Una piba canchera le pidió normA al padre. También participamos en eventos de estudiantes, de Abuelas (de Plaza de Mayo), en una marcha mundial por la paz, por la ecología o en un hogar en Jujuy, gratis, de buena onda. Nos prendemos de una. Llevamos y movemos todos nosotros, acá no hay plomos, no hay nada.

–¿Se sienten partícipes de ese espíritu de ciudad tan característico?

Chivas: –Absolutamente. Somos platenses, nos gusta ser de acá y es bueno sentirse una semillita de todo eso. Y también de la parte política, que siempre estuvo presente en La Plata. En la secundaria quisimos tener el centro de estudiantes e hicimos una lista con amigos. Con otro de mis amigos militaba en la Juventud Radical. Yo tenía 13 años e íbamos a los actos de Alfonsín a ver toda esa cosa mística y todo el carisma que tenía, más allá de las ideas. Y después, toda esa conciencia de la historia argentina, con la dictadura muy de cerca. Mi vieja compraba los Diarios de los Juicios a las Juntas Militares en 1985 y yo tengo cinco amigos con papás detenidos-desaparecidos. Son miles de historias muy cercanas. Lo digo y se me pone la piel de gallina. Eso también te marca a la hora de tomar una postura política a través de la música.

Cosca: –Es una postura por la libertad y por no molestar al otro. Libertad, y punto.

LO ARTESANAL

Así como hubo una publicidad que hablaba de “futbolistas que trabajan de otra cosa”, normA (como tantas otras bandas) es regido por el ánimo de músicos que se ganan la vida con otras cosas. “Yo trabajo para solventar lo que hago: música”, bate Coscarelli, marcando una norma de normA: todos los talentos laborales terminan convergiendo en la causa. Richard Baldoni, por caso, es diseñador del Instituto Cultural bonaerense y del Teatro de la Comedia de La Plata, y en él reposan los méritos del arte gráfico de la banda. Gualberto de Orta, en cambio, tiene un estudio que la banda usa como living de casa: “Eso nos permite demear todo el tiempo. Es un vicio”.

La parte visual es asunto de Chivas, cuyo currículum como realizador acusa trabajos en películas como El gato desaparece de Carlos Sorín, Un novio para mi mujer o el documental sobre Diego Armando Maradona de Emir Kusturica. “Yo también le apunto a eso, me re copo y es mi laburo”, afirma Chivas. Su aporte comenzó con el primer video de la banda, del tema Uno. “Pudimos usar buenas cámaras de la Facultad de Periodismo de La Plata, además se coparon amigos e hicieron una escenografía increíble. Siempre resolvemos con las herramientas que tenemos a mano.” El de Diamante fue grabado en el patio de la casa de Chivas y el de 350 fue el más artesanal de todos: una toma desde el celular de Cosca con los cuatro cantando en el habitáculo de un coche (muy) compacto, a la vuelta de un show en Córdoba.

El último, NASA, contó con la mejor producción y el ingenio de miembros y de allegados. En él, los músicos atraviesan el Parque Pereyra Iraola vestidos de astronautas, persiguiendo un disco. “Lo grabamos durante dos días y 70 botellas de ron. Fue una cagada a palos”, reconoce Cosca. En el video, una nave espacial enfila hacia el espacio exterior dejándolos abandonados. Aunque, en la vida real, ellos fueron los que la dejaron allí una vez que terminaron las sesiones de grabación. Otro regalo de normA.

* normA toca el jueves 21 en Niceto Club (Niceto Vega 5510), junto a Valle de Muñecas y Dragones. A las 21.

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