Dom 16.05.2010
radar

Habla, memoria

Cinco directores montaron 26 documentales sobre diferentes episodios de la Historia argentina valiéndose del escaso archivo audiovisual que décadas de desidia, destrucción y desaparición adrede han dejado. El resultado es sorprendente: la contundencia, la precisión y el rigor los convierte en capítulos de ese siempre esquivo gran relato argentino.

› Por Mariano Kairuz

Desde hace un par de semanas, Canal Siete está dando de lunes a viernes, todas las noches a las 23.30, una serie documental en veinticinco capítulos sobre el siglo XX argentino, titulada Huellas de un siglo en el Bicentenario. La lista de episodios traza un recorrido impresionante, que va del bombardeo a la Plaza de Mayo a la toma del frigorífico Lisandro de la Torre (un hito de la resistencia popular contra la política de desnacionalización del frondizismo), pasando, de manera no cronológica, por el juicio a la Junta Militar, el último año de vida de Eva Perón, la contracara de los festejos del centenario en 1910, el Cordobazo, la Semana Trágica, los comienzos de las Madres de la Plaza, la manipulación mediática de la guerra de Malvinas, el 19 de diciembre de 2001 y muchos otros relatos clave del siglo pasado (y hasta los turbulentos inicios del actual) que no buscan dar cuenta de la totalidad, pero la rodean proponiendo, a través de historias concretas, un acercamiento a esa gran novela imposible que es la Historia argentina.

Un siglo en minutos

Concebida por Alejandro Fernández Mouján y Pablo Reyero desde el Area Cine de Canal Siete (área que dirigen desde 2006), el programa obtiene buena parte de su fuerza del magnetismo que irradia cada capítulo, de su apuesta por condensar una abrumadora cantidad de imágenes, editadas con alta precisión y máxima contundencia, en no más de 26 minutos por emisión. Razones de producción y un presupuesto restringido condicionaron este formato, pero el programa salió fortalecido de sus limitaciones. “La consigna fue usar 90 por ciento de material de archivo y entrevistas del canal o comparadas con otros realizadores”, explica Fernández Mouján, quien junto con Reyero y el historiador Javier Trímboli (y el apoyo de Tristán Bauer y el director del canal, Martín Bonavetti) fueron los coordinadores generales del programa. “Hablar de historia puede ser árido en televisión, por más vueltas de tuerca que se le dé desde lo dramático, a la hora de sostener la atención de un espectador que está acostumbrado a algo totalmente distinto”, explica Reyero. “Por eso decidimos básicamente contar en poco tiempo cada acontecimiento y sus disparadores hacia el pasado y hacia el futuro. Y buscamos un cambio en la mirada sobre algunos materiales de archivo ya vistos, poniendo el foco en los movimientos subalternos, en hablar de lucha de clases, de conflictos sociales, políticos y económicos.”

El caso testigo del tipo de relatos conflictivos que se convirtieron en el núcleo central del programa podría ser el capítulo El malón de paz, sobre los 174 kollas que en 1946 marcharon a Buenos Aires para reclamar sus derechos sobre las tierras de sus ancestros. El movimiento había sido alentado por Perón, quien los recibió en la Casa Rosada, pero poco después los mandó de vuelta al norte, cuando a su alrededor empezaron a agitarse otros sectores con un reclamo todavía mayor, el de la reforma agraria, que el presidente juzgó inmanejable. Al menos según le explicó a Atahualpa en un diálogo que es citado al final del capítulo: “El movimiento todavía no estaba preparado para una reforma agraria de fondo. Y bueno, amigo, ya está, así son las cosas”. Unas pocas palabras que alcanzan una elocuencia enorme acerca de las contradicciones del peronismo y de la política argentina en general. “Tuvimos la apertura, el margen para, en el canal público, salir con un discurso de este tipo, que no es para nada oficialista”, destaca Reyero. “Fue parte del trabajo que se dio entre Fernández Mouján, Trímboli y yo: cada uno de nosotros tiene una mirada distinta sobre los hechos históricos y a partir de esa dinámica y de nuestras discusiones se plantearon y se definieron los perfiles de los documentales.”

“En lo que siempre coincidimos”, agrega Trímboli, “fue en la voluntad de volver a hablar de clases sociales. Yo provengo del campo de la Historia, de la facultad de Filosofía y Letras, donde el término clase, sobre todo en la historiografía que se originó en la década del ’80 y que fue muy importante en los ’90, ha quedado expulsado del lenguaje: se habla de gente, de ciudadanía, nunca de clase. Nosotros, por el contrario, acentuamos todo lo que tuviera que ver con la cuestión de clase, para detectar el funcionamiento de las clases dominantes en cada situación histórica, y para examinar esa cuestión más maleable que son las clases subalternas, que a veces son obreras, a veces kollas, a veces campesinos. Lo que más discusiones provocó entre nosotros fue el peronismo del ’45 al ’55; cómo entender la relación de Perón con los movimientos populares, cómo entender el fenómeno maldito del país burgués.”

1. El centenario.
2. La semana trágica.

“Sentamos posición al arrancar con el bombardeo del ’55”, completa Reyero, “porque podremos tener entre nosotros discusiones sobre el peronismo, pero hay situaciones sobre las cuales no hay discusión: que los personajes que tiraron bombas en el ’55 son los mismos que a partir del ’73, ’74 desaparecen gente. Marcamos un punto de quiebre que tiene que ver con el terrorismo de Estado, las luchas de clases y la redistribución de la riqueza, y la reforma agraria, como grandes columnas del programa”.

Uno de los efectos de este esquema narrativo es el de acortar los tiempos históricos señalando una línea, una continuidad narrativa en la “novela” del siglo XX. “Un historiador conservador diría que a la hora de mostrar al Massera del bombardeo a la plaza debería quedar muy claro que no tiene nada que ver con el Massera del ’76, pero para nosotros es todo lo contrario”, dice Trímboli. “Siempre nos rondó la lectura del historiador Georges Didi Huberman, que legitima estos anacronismos, en tanto cien años son muy poco tiempo. A la distancia, ese tiempo que pasó, dice, pueden ser no más que unos segundos. El siglo XX tiene de esta manera una cantidad de continuidades alucinantes.”

Un agujero de imagenes

Huellas de un siglo tiene además una clara vocación cinematográfica, sostenida en la firme decisión de que el relato principal lo lleven las imágenes. Por eso, para su realización fueron convocados directores que, como Fernández Mouján (realizador de, entre otras películas, Pulqui, un instante en la patria de la felicidad y la reciente Los resistentes) y como Reyero (Dársena Sur, Angeles caídos), o Carlos Echeverría (Juan, como si nada hubiera sucedido), provinieran del cine. A aquellos tres realizadores de un documental de tipo “clásico” se sumaron, para dirigir los otros capítulos, el editor y productor Marcel Cluzet y los directores Hernán Khourian (Puna, Los pernoctantes), que viene de un documental más experimental, y Gustavo Fontán (La orilla que se abisma, El árbol), que trabaja en una cruza entre el documental y la ficción. Estos realizadores podían aportar una mirada particular a las imágenes centrales de cada programa.

“Cada capítulo tiene cierta perla en relación con las imágenes”, dice Trímboli: “En el del malón de la paz, el único testimonio que quedaba eran 50 segundos del teniente Bertonasco, el representante de Perón que acompañó a los kollas, con su historia muy particular –su madre era indígena y su padre militar– llegando a San Antonio de Areco. Conseguimos ese material, pero el documental todo lo que hace es rodear esos 50 segundos y algunas fotos. En el de Khourian sobre la primavera de los pueblos, que va del 25 de mayo del ’73 al 20 de junio, una escena condensa todo el problema: la JP de La Plata decide en esos días de tantas tomas y tanta movilización y fervor, tomar la Ciudad de los Niños. Entonces se ven imágenes típicas de niños de los años ’40, ’50: delantal blanco, pelo cortito... y de repente, ¡tuc!, contamos la toma del ’73 y se ven tres segundos de la Ciudad de los Niños con las casitas enanas, y la bandera de Montoneros, y los pelos largos. Era todo lo que quedaba, y lo rodeamos con todo lo otro no para enmascararlo sino para resaltar esa imagen poderosa.”

El trabajo con archivos para la historia de un país sin archivo (casi no hay registros del 17 de octubre, por ejemplo) convirtió ese vacío en uno de los centros más significativos del programa. Para Khourian, una de las cosas más interesantes de su participación en el ciclo fue justamente tener que trabajar en contra de ese agujero negro. “¿Qué pasa cuando las imágenes de la historia no están? ¿Dónde están las imágenes que no tengo? El desafío era hacer una memoria desde la imposibilidad, con fotos o unos pocos minutos de fílmico. Eso nos lleva a repensar y revalorar el sentido de algunas imágenes; buscar claves del cuerpo de archivo de cada capítulo, juegos de repeticiones, resaltar un fragmento por texturas o sonidos, y encontrar y recargar el sentido de algunas imágenes que los documentales televisivos suelen dejar de lado. Es hacer una escritura de lo borrado, trabajar en el vacío de imágenes: en un lugar donde el Estado hizo desaparecer no sólo personas sino materiales o archivos, lo poco o mucho que se encuentra se resignifica desde esa imposibilidad, se resignifica la historia desde ese intento de borradura de la historia.”

3. Bombardeo a la Plaza de Mayo.
4. Madres de la Plaza, primera ronda.

“Mucho se ha destruido”, explica Fernández Mouján; “o existe en archivos argentinos de Alemania y Estados Unidos que no podemos pagar. Acá laburamos con el Archivo General de la Nación, el Museo del Cine, algunas universidades, el Canal 10 de Córdoba, y en el caso de la toma del puente de Corrientes, son tomas caseras hechas por la gente en VHS y distintos formatos”. Para Trímboli, “ha habido intereses particulares que quisieron deshacerse de determinadas imágenes, porque implicarían la posibilidad de construir otras narraciones, que cultural y políticamente irían en contra de esos intereses. No es un mero accidente que un país como el nuestro y de Latinoamérica no tenga ese poderoso archivo: lo que a veces parece descuido ha obedecido en realidad a una política de la clase dominante que prefiere sacarse determinados conocimientos de encima. Tener más archivo abre las posibilidades de otros relatos y otras historias”.

En la historia misma del Canal Siete hay un episodio significativo con respecto a esto: “Cuando los milicos armaron ATC y trajeron el canal desde el edificio Alas –cuenta Fernández Mouján–, al ver los camiones que trasladaban los archivos, un coronel que estaba a cargo preguntó qué era eso. Y cuando le dijeron ‘Son nuestros archivos’ contestó: ‘Bueno, acá no hay lugar para archivos, eso lo tiramos todo’. Se rescató porque hubo gente de acá que lo hizo por su cuenta, pero para los milicos esas latas eran basura, no tenían ningún valor”.

Huellas de un siglo constituye una prueba de que de los fragmentos incompletos, de lo que se salvó de la secuencia salvaje y sistemática de destrucción que marcó a fuego el siglo XX argentino, pueden surgir grandes historias; de que en la sucesión de cuentos incompletos puede materializarse la novela del país. “Muchas veces apostar a narrar grandes procesos –como la democratización de la sociedad o el ascenso de los sectores medios– permite hacer la vista gorda a la hora de los imágenes, ser poco rigurosos”, dice Trímboli. “El formato de 25 minutos por programa nos obligó a ir hacia imágenes específicas y construir a partir de ellas cierta continuidad. Para un historiador actual todo lo que es continuidad o huela a gran relato no funciona, pero creo que nosotros construimos algo que no es el gran relato, pero tampoco es puro fragmento deshilvanado. Es lo que Walter Benjamin llama constelación: tenemos una constelación de 25 momentos que no se encadenan en un sentido único pero terminan produciendo un impacto y cierto sentido, la proyección de algo más grande.”


Huellas de un siglo en el Bicentenario se da de lunes a viernes a las 23.30 por Canal Siete y algunos capítulos pueden verse en el sitio del canal (www.tvpublica.com.ar).

También se proyectarán varios de estos episodios los fines de semana, los sábados a las 20 y los domingos a las 19, hasta el 30 de mayo, en la Casa Nacional del Bicentenario, Riobamba 985. (Hoy a las 19 se dará Bombardeo a la Plaza de Mayo, de Carlos Echeverría, y Juicio a las Juntas, de Gustavo Fontán. El sábado 22, a las 20, La semana trágica, de Gustavo Fontán, y Malvinas: la guerra que nos contaron, de Alejandro Fernández Mouján. El domingo 23 El Centenario, de Hernán Khourian, y 1977. Madres, la primera ronda, de Fontán. El sábado 29 El Cordobazo y otros azos, de Fontán, y La primavera de los pueblos, de Khourian. Y el domingo 30, 24 de marzo, golpe a los trabajadores, de Fontán, y El Plan Larkin, de Carlos Echeverría.)

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