Dom 20.06.2010
rosario

CULTURA / ESPECTáCULOS › EDUARDO CEBALLOS REPONE "BABILONIA" EN HOMENAJE A PEPE COSTA Y DISCéPOLO

Teatro rosarino y grotesco argentino

La versión de Ceballos es una interesante remake de aquella puesta dirigida por Pepe Costa en Rosario en la década del '70 y un intento por establecer un puente entre las diferentes generaciones del teatro independiente rosarino.

› Por Julio Cejas

En mayo de este año el director local Eduardo Ceballos, realiza un doble acto reivindicatorio: Rescata el nombre de un recordado hombre de teatro rosarino como Pepe Costa y recupera para las nuevas generaciones de espectadores la dramaturgia siempre viva de Armando Discépolo. Allá por los duros años que preanunciaban el advenimiento de la dictadura de Videla; Costa al frente de un histórico grupo denominado Teatrika, salía al ruedo estrenando "Babilonia" (Una hora entre criados) y obteniendo una respuesta masiva del público local que la sostendría en cartel durante tres años consecutivos.

Pensemos el impacto que esta obra generó en los espectadores de diferentes épocas: Por ejemplo en ocasión de su estreno allá por julio de 1925 en el antiguo Teatro Nacional de la ciudad de Buenos Aires, en pleno auge del desmoronamiento del sueño inmigrante. Muchos de esos espectadores se verían reflejados por el gran angular del grotesco y cada cual encerrado en su babilónica tragedia, asociaría el encierro de los criados,sus pequeñas conspiraciones y el desprecio de los señores, como parte de una historia que se parecía mucho al mundo que les tocó vivir.

Traslademonos ahora a los finales de la década del 70, en la agonía del gobierno de Isabel, otro público, un pueblo que por un lado se preparaba para alentar la ilusión del retorno "al orden" y otro que padecería las persecuciones, la tortura y el exilio, por oponerse a una dictadura que se perpetuaría, destruyendo el sueño de toda una generación.

¿Qué habrá significado para esa gran cantidad de espectadores que llenó la Sala de Amigos del Arte durante tres años, este grotesco que llegaba a espejar la necesidad de resistencia de los sectores más postergados frente a la barbarie que preparaba el camino para el advenimiento de los "nuevos ricos"?.

Y finalmente evaluemos las conjeturas y las experiencias recientes de este espectador actual que pertenece aunque no lo sepa, a un mundo globalizado, un mundo que le había prometido la llegada inminente del fin de la historia y el comienzo de un mundo sin clases ni conflictos sociales.

Otra promesa incumplida y de nuevo el grotesco, la caída de las máscaras: Y el mundo que se transforma en una nueva Babel, a pesar de la hipercomunicación y el reinado de la tecnología, y entonces todo vuelve al estado "Cambalache", como en la letra de ese tango futurista del otro Discépolo, que Pepe Costa no pudo utilizar en su puesta porque estaba prohibido por los militares.

Ceballos vuelve a contar con la misma sala en la que se realizara aquel estreno histórico y allí diseñará el paradigma teatral de esos dos espacios tan bien delimitados por la escritura discepoliana: "El abajo y el arriba", un abajo apretado, incómodo, donde los criados, se empujarán, chocarán, se golpearán, tratando de cumplir con los mandatos de la servidumbre, y un arriba sugerido por los peldaños de una escalera que conduce al "cielo de los señores".

Detrás, una puerta vaiven insinúa el mundo misterioso de la cocina, ese otro espacio que tampoco es mostrado a los espectadores, privilegiando entonces el lugar de la batalla, el sitio donde la vajilla y todos los utensilios de cocina, se transformarán en los objetos dramáticos que vincularán las acciones de los personajes.

Pero hay otro espacio que encuentra el director, y ese es uno de los hallazgos que desde la puesta se proyecta en función de aggiornar la obra a partir de aquellos memorables parlamentos de Piccione, interpretados por Carlos García en uno de sus más sólidos trabajos actorales. El chef sale del encierro y se acerca a una olla que comenzará a destapar y con ella, saldrán a la luz aquellos textos de amarga reflexión que Discépolo escribió para los habitantes de una Argentina que se empeña en repetirse a partir de una identidad que no alcanza a construirse.

El elenco que Ceballos pone al frente de esta versión de "Babilonia", es heterogéneo y con diferentes experiencias de actuación, por un lado esto es capitalizado por la dinámica que propone la dirección, pero en casos como el de Cacerola, interpetado por Bruno Brandoni, requeriría de algunos ajustes para evitar los desbordes.

De todas formas hasta el ingreso de los señores, la obra mantiene la expectativa y se vincula con los espectadores, logrando cohesión tanto en los momentos de diversión como en los más dramáticos.

En la escena del conflicto fundamental de la obra y cuando hacen su aparición la Señora Emilia y el Cavalier Esteban, la concepción del director al diseñar estos personajes parecería ser construida desde la mirada de los criados.

Pero ese anclaje histórico basado en "cómo verían" los criados de la década del 30 a sus patrones, desbarata el procedimiento de aggiornamiento de la obra, logrado con los recursos que utiliza Piccione al subrayar el texto desde un espacio nuevo.

Más allá de esta apreciación, la versión de Ceballos es una interesante remake de aquella puesta dirigida por Pepe Costa y un intento por establecer un puente entre las diferentes generaciones del teatro independiente rosarino.

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