Sáb 08.10.2016

CONTRATAPA  › AMERICA LATINA VA A SER TODA FEMINISTA

¡Vivas nos queremos!

› Por Colectivo Ni Una Menos *

La tierra tiembla. Un nuevo golpismo acecha América latina. Las derechas destrozan las instituciones y van contra los derechos humanos y sociales. Con las armas de una justicia venal y machista, de medios de comunicación cuyo poder es la extorsión y la mentira, y con políticos corruptos. Si en la oleada más democrática de nuestra historia las mujeres ascendieron a lugares de poder, construyeron potentes movimientos sociales, generaron políticas; en este somos amenazadas de linchamiento, cárcel, destitución. Nada nos perdonarán y lo sabemos.

La región tembló también por nuestros pasos. Por las calles que tomamos, por los entusiasmos de nuestros cuerpos, por la osadía de nuestro grito colectivo. Ni una menos es el modo de decir la confluencia de rebeldías femeninas, el reconocimiento de la potencia común, el andar a tientas en estos tiempos convulsionados y de cuerpos sacudidos, en los que con todo podemos decir lo que no queremos y lo que sí queremos Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú, y quienes vengan.

Ganamos las calles en 2015 y las volvimos a tomar en 2016, con la consigna Ni una menos, Vivas nos queremos. Pero también tembló Mar del Plata con el Encuentro Nacional de Mujeres y el 25 de noviembre pasado fuimos muchas más que nunca marchando otra vez contra la violencia. Cuando se supo el caso de Belén, una joven tucumana presa más de 900 días por el ensañamiento misógino del poder judicial, un movimiento plural y heterogéneo de mujeres llevó adelante la campaña por su liberación y triunfó. Cuando una policía intentó impedir que una joven en San Isidro amamante a su hija en el espacio público, una multitud respondió saliendo a la calle con un piquetetazo. Cada vez que las amenazas se conocen, la defensa se organiza. Alertas, atentas, convencidas. Acontece una experiencia feminista que no se declara enteramente como tal, que no proviene solo de las bibliografías de género ni busca adjetivos, pero que se afirma como capacidad de movilizar en nombre de la autonomía, la libertad y el deseo. Una experiencia feminista que es popular, que es iracunda, gozosa y veloz, que se vincula con las organizaciones territoriales. La tierra tiembla por nuestro grito pero también por nuestra capacidad de armar redes.

Contra el nuevo golpismo y el revanchismo clasista, nuestra rebeldía; la resistencia democrática, el trabajo en común, el conventillo, el charloteo que hace de caja de resonancias para lo que nos pasa. El cuidado mutuo surge del conocimiento mutuo, de la construcción de lazos, de la palabra que circula, del patio en común. Por eso, conventillo: conflicto, claro, pero también amorosa convivencia, preocupación y grito, pelea y fiesta. Parla de mujeres, para alojar la diferencia y el cuidado. Para salir de la confrontación individual contra el machismo y de la victimización que vuelven a producir las instituciones que deberían protegernos. La solución a la violencia no surge del código penal, como lo quieren quienes pretenden resolver el problema social de la violencia machista solamente aplicando penas cada vez más duras de uno en uno, sino de la prevención social y del cambio cultural.

No ganamos la calle pidiendo más policía ni más penas ni más cárceles. Cuando se lee nuestro reclamo en esos términos o cuando se lo convierte en estrategia para intervención de fundaciones y ONGs, se busca expropiar y normalizar la fuerza social de esta experiencia. Limarle lo que tiene de rebelde. Muchas son las operaciones y no cesan. La más poderosa es la que intenta tomar nuestra propia fuerza callejera y sujetarla a la norma. Así un acto poderoso como el piquetetazo, podía ser interpretado, por la maquinaria mediática y política, como el buen modo de mostrar las tetas, asociado al deber ser de la maternidad y a sus normas. Decimos no a esa apropiación. Queremos esa imagen de las muchas madres amamantando contra la arbitrariedad policial, al lado de la festiva desnudez de las marchas del orgullo de los cuerpos y las sexualidades disidentes. Somos nosotras las que podemos decir cuándo y qué mostramos.

La maquinaria social conservadora está ahí para tomar lo justo y reinvertirlo, ver lo que siente como amenaza y limarlo, deglutir nuestras fuerzas y convertirlas, incluso, en algo reaccionario. Es así cuando leen nuestro No como apología de la penalización, cuando convierten la denuncia social al machismo de un rockero en denuncia judicial, cuando aprovechan la sensibilidad ante el acoso en un artilugio para linchar adversarios, cuando convierten la presentación del Plan Nacional para la Erradicación de toda las Violencias contra las Mujeres en un espectáculo de gobierno cuyo presupuesto no está asegurado y que, al mismo tiempo que dedica un capítulo a la Educación Sexual, desmantela una conquista existente, como es la implementación de la ley de Educación Sexual Integral. A la vez que habla de autonomía de las mujeres no garantiza la entrega de anticonceptivos ni el acceso universal a la fertilización asistida que es ley desde 2013.

Una maquinaria social conservadora está al acecho. Lo que se dice oculta lo que verdaderamente se hace. Nosotras tenemos que decir, claramente, que aun cuando usen nuestras palabras dicen otra cosa. Ni una menos no se traduce como cárcel, venganza, linchamiento, cuerpo organizado por las normas iram del patriarcado. Esa maquinaria es un aparato de captura, de vaciamiento, inversión y banalización, pero especialmente es una máquina de dar forma, unificar, alisar. De transformar nuestros reclamos en palabras de un orden que nos oprime.

El movimiento Ni una menos tampoco es barniz progresista para políticas que arrasan con los derechos populares, que están reconfigurando la estructura social argentina. Dicen: campos de encierro para migrantes, allí donde debemos decir ampliación de los derechos migratorios. Dicen: persecución al narcotráfico y se ponen a perseguir a chicos y chicas pobres empujados al consumo y a la venta al menudeo. Mientras tanto, poblaciones enteras son arrojadas a la pobreza, al desempleo y a la informalidad del tráfico y de la explotación sexual. Ante eso, la única respuesta es cárcel y gatillo fácil. Los penales están abarrotados de mujeres usadas como mulas para transportar drogas. Las calles, de chicas prostituidas. Los barrios amenazados por nuevas situaciones de explotación, como la reciente denuncia en el Bajo Flores, acerca del reclutamiento de chicas tentadas por la red, filmadas y extorsionadas. El poder de los capangas se extiende en los barrios populares.

Las mujeres somos particularmente vulneradas en esta situación. Ante la crisis, la supresión de derechos, la violencia. La revancha clasista se ejerce sobre nuestros cuerpos y nos pide que a lo sumo nos reconozcamos como víctimas. Mientras tanto sigue prometiendo cárcel también para nosotras: para la joven que transa, para la puta que callejea, para la militante social que organiza, para la que aborta, para la madre que denuncia. Milagro Sala está presa como parte de ese operativo de reposición de las disciplinas. Dilma Rousseff destituida oprobiosamente por una runfla de delincuentes. Que no lo hagan en nuestro nombre. No en nombre de nuestras luchas y movilizaciones. El aquelarre y la fiesta no son preparativos de la hoguera: ni para nosotras ni para otrxs. De nuestras fragilidades tramemos una fuerza común, latinoamericana. Que el 3 de junio de 2017 sea regional, polifónico, gritón, que se diga en castellano y portugués, en aymara y mapundung, en quechua y qom, en creole y guaraní, con todas las letras necesarias para nombrar a todas y a todxs, con todos los matices y las inflexiones. Que el 3 de Junio sea ocasión de una rebelión feminista latinoamericana. Para decir: Ni una menos, vivas nos queremos.

* Hoy, en el marco del Encuentro Nacional de Mujeres, se realizará la segunda asamblea abierta federal de Ni Una Menos, a las 17, en la Facultad de Medicina, aula teatro, Rosario.

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