Mié 26.05.2010

DEPORTES  › EL TURISMO CARRETERA FESTEJó EL GRAN PREMIO POR LAS CALLES

El Bicentenario aceleró su fiesta

La categoría se sumó a los agasajos con un recorrido de 22 kilómetros y fue seguido por alrededor de un millón de personas. Fueron 66 autos que largaron en el Obelisco y llegaron hasta San Isidro, con una parada en Vicente López.

› Por Pablo Vignone

“La Revolución de Mayo cumple 200 años, pero el Turismo Carretera ya lleva casi 75...” se ufanaba un viejo cultor del automovilismo en las calles de San Isidro, cuando el Gran Premio del Bicentenario alcanzaba la meta. El automovilismo se sumó a los festejos con una caravana que recorrió 22 kilómetros y fue seguida por aproximadamente un millón de personas. De alguna manera, el TC desempolvó su tradición y volvió a los caminos, y sus pilotos, la mayoría de los cuales no compitió jamás en carreras de ruta, sintieron por primera vez una experiencia similar, acelerando en la 9 de Julio, en la avenida del Libertador o en avenida Maipú, ya fuera de la capital.

Fueron 66 autos los que largaron pasadas las 14 en el Obelisco, para desandar la ruta trazada hacia San Isidro, con una parada en Vicente López, liderados por la cupé Dodge anaranjada del ganador de la carrera del domingo en Rafaela, Jonatan Castellano, y el Ford del líder del torneo 2010, Gabriel Ponce de León. Quemando gomas –muchos de los pilotos calzaron a sus coches con gomas de lluvia, para generar más humo en las aceleradas– y haciendo bramar sus escapes, los pilotos fueron entusiasmándose a medida que avanzaban, emocionados por la gente que los vitoreaba desde los cordones, las veredas o en las esquinas.

Fue como si el TC hubiera invadido la ciudad con sus caballos de fuerza: los coches paraban en los semáforos, salían arando cuando la luz verde los habilitaba, producían humo y ruido entre el tránsito. El chaqueño Juan Manuel Silva se puso a hacer trompos a la llegada de la caravana a San Isidro, pero ya los había hecho antes, lo mismo que muchos de sus colegas. El intendente Gustavo Posse –hasta el año pasado corredor de TC Pista, la categoría telonera del TC– bajó la bandera y orquestó una réplica del podio rafaelino con Castellano, Ponce de León y el marplatense Christian Ledesma.

La sugerencia era que la velocidad se mantuviera entre los 60 y los 80 km/h, bastante menos que los 280 km/h que se arañaron el domingo en el rápido óvalo de Rafaela; pero los pilotos se tentaron, un poco para no castigar excesivamente los motores de competición –a los que se les habían instalado electroventiladores para mantenerlos lo más refrigerados posible en el tránsito lento– y otro poco porque algunos tramos del recorrido, especialmente en la avenida Cantilo, los invitaron a acelerar. “Anduvimos a 110, 120 km/h” admitió el subcampeón de TC, Mariano Altuna. El asfalto quedó grabado con las huellas de semejantes aventuras.

No todos pudieron hacerlas aunque tuvieran ganas. “El auto levantó temperatura en la 9 de Julio, porque la caravana iba lenta –cuenta Emanuel Pérez Bravo, que había sido tercero en la carrera de TC Pista, la categoría telonera del TC, en Rafaela–, así que el motor se resintió y tuvimos que traer el auto en una ‘planchita’ (camioneta). Yo veía las huellas en el pavimento y me quería morir...” Cuando Pérez Bravo llegó al podio, el primero y segundo del TC Pista, Juan Manuel Trucco y Claudio Kohler, ya se habían bajado...

Con un poco más de calma participaron también de la caravana autos históricos como las cupés de Juan y Oscar Gálvez, la de Juan Manuel Fangio, la histórica Galera de los Emiliozzi, el Chevytú conducido por el mismo Jorge Cupeiro, el Trueno Naranja al comando de Carlos Pairetti (campeón en 1968), el Dodge campeón de Antonio Aventín –que llevó a su acompañante de entonces, Manuel Aguirre– y una réplica de la última culpé Chevy que manejara el malogrado Roberto Mouras, conducida por el ex F-1 Gastón Mazzacane. “Se me puso la piel de gallina –contó–. La gente veía este auto y se emocionaba hasta las lágrimas. Este Gran Premio fue una cosa increíble”, no se cansaba de repetir.

“A mí me hizo acordar mucho a las carreras en ruta de la década del ‘80, cuando corríamos en Olavarría o Tandil”, señala Emilio Satriano, que fue campeón de TC en 1990 y acompañó a la caravana. “Esto es histórico para el TC –sentenció Fernando Miori, gerente de la ACTC–. En el interior se vive esta pasión pero no con semejante magnitud, y aunque queramos hacerlo de vuelta, el Bicentenario no se repite.”

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