Jue 27.05.2010

DEPORTES  › ALL BOYS, RECIéN ASCENDIDO, Y LAS CHANCES DE QUEDARSE EN PRIMERA

La clase obrera, al paraíso

El sistema de los promedios perjudica especialmente a los equipos que ascienden y el club de Floresta precisará reunir el 40 por ciento de los puntos que dispute en la temporada 2010/11 si quiere repetir aquella campaña del ’73.

› Por Gustavo Veiga

All Boys inspiró un domingo de 1973 un título a tono de época que potenció una película emblemática: “La clase obrera va al paraíso”. Lo publicó la revista El Gráfico por una victoria contra River en el estadio Monumental. Después se quedó en Primera ocho años, una eternidad si se comparara ese tiempo con lo que dura hoy un equipo recién ascendido. El fútbol cambió tanto que ahora, “la delgada línea roja” que separa a la A de la B Nacional (si se permite otro largometraje ilustrativo) la cruza cualquiera en un sentido o el otro. Ahí está el recién descendido Rosario Central para ratificar la regla que ya habían confirmado antes San Lorenzo, Racing y Huracán cuando perdieron la categoría. Pero el problema no es ése.

La posibilidad de que un grande pierda la categoría se redujo bastante desde que funcionan de modo ininterrumpido los promedios (1981). La cuestión es otra. El sistema de sumar puntos y dividirlos por las últimas tres, dos o una temporada perjudica de manera notable a los clubes que suben un escalón. Es el caso de All Boys, que en la temporada 2010-2011 no tendrá más malla de protección que sacar el 40 por ciento de los puntos si no quiere terminar como la mayoría de los que llegaron desde la B Nacional. Ahí están también para demostrarlo Atlético Tucumán y Chacarita, que apenas disfrutaron un año de la tierra prometida. Incluso, descendieron varias fechas antes de que finalizara el torneo Clausura.

La clase obrera del fútbol puede llegar al paraíso, sí, pero también salir eyectada apenas pone los pies sobre él. Lo corroboran, por citar los más frescos ejemplos, las últimas diez temporadas de Primera División. En 1999-2000, Los Andes salió campeón de la B Nacional, pero bajó de Primera a la temporada siguiente. Almagro, que había ascendido cuando le ganó la Promoción a Instituto de Córdoba, lo acompañó en su regreso a la B. Así, casi calcado, sucedió con la mayoría: después de recibir la bienvenida en la A, los despedían al año siguiente.

Huracán de Tres Arroyos, otra vez Almagro, Tiro Federal, Instituto, Olimpo (subió y bajó tres veces), San Martín de San Juan, Nueva Chicago, San Martín de Tucumán y hasta el sorprendente Godoy Cruz pasaron esas tribulaciones en las últimas diez temporadas. En la jerga tribunera, los suelen llamar equipos ascensor. Cuando todavía no terminaron de disfrutar el ascenso, ya los acosa la tablita de los promedios porque arrancan con... cero. Sus potenciales rivales de ese campeonato aparte ya están duchos con los decimales, las centésimas y las calculadoras. Y si les toca sufrir una promoción gozan de ventaja deportiva por ser equipos de Primera. Un privilegio que no castiga las malas campañas; al contrario, las premia.

El Gráfico comparó la hazaña de All Boys con la célebre película de Elvio Petri en que Gian María Volonté actuaba de un obrero industrial sindicalizado. Se había estrenado en 1972. El título del film se ajustaba como nunca al recordado triunfo del 19 de agosto del ’73, por 3 a 1, en el mismísimo estadio de Núñez. Ya había pasado la primavera de Héctor Cámpora en el gobierno, pero no la del brasileño José Carlos Andrade, “Zizinho”, autor de dos de los tres goles del partido. El restante lo había marcado Domingo Cavallo, un delantero bajito, homónimo del ex ministro de Economía, aunque éste tiene como segundo nombre José y no Felipe.

El club de Floresta se dio el gusto de mantenerse en Primera hasta 1980. En el Metropolitano del ’74 hasta punteó la tabla durante unas fechas. Treinta años después, volvió a ascender hundiendo a Central en una de las peores crisis de su historia, con un 3-0 lapidario en Rosario.

Será difícil para sus actuales jugadores imitar aquellas ocho campañas en la A de los años ’70. Las estadísticas de esta época son bien distintas. Aunque siempre hay una excepción que confirma la regla. Arsenal de Sarandí ya superó las ocho temporadas en Primera. Subió en la 2001-2002. Y hasta hoy no le sienta mal el promedio, ganó una copa internacional y superó más de una vez a Boca y River. Su presencia se tornó una costumbre entre los grandes. Habrá quienes sospecharán que tiene al más grande de los dirigentes apoyándolo. Aunque ésa es otra historia. Acá se trata de saber por qué la clase obrera apenas puede tirar un año en Primera.

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