Vie 28.05.2010

EL MUNDO  › LULA Y ERDOGAN NO OCULTAN SU MOLESTIA ANTE LA POSTURA AMBIVALENTE DE WASHINGTON RESPECTO DEL PROGRAMA NUCLEAR IRANI

EE.UU. admite serios desacuerdos con Brasil

Según publicó la prensa paulista, el presidente Obama envió una carta a sus pares de Brasil y Turquía en la que apoyaba un acuerdo similar al alcanzado hace diez días en Teherán. La Casa Blanca insiste con más sanciones.

Sorprendidos, irritados y con bronca. Así se mostraron ayer en Brasilia los artífices del último acuerdo con Irán, Luiz Inácio Lula da Silva y el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan. “Si el documento era lo que el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) reivindicaba desde octubre y está muy cerca de lo que Estados Unidos nos pidió en la carta que ambos recibimos, ¿por qué no aceptan ahora lo que está en el documento?”, se quejó el mandatario brasileño en la conferencia conjunta que dieron luego de reunirse a puertas cerradas. Unas horas antes del encuentro presidencial, el diario Folha de Sao Paulo había publicado la carta de Barack Obama a sus dos pares, recientemente convertidos en mediadores dentro del conflicto por el programa nuclear iraní. En la misiva, el líder estadounidense apoyaba un acuerdo similar al alcanzado hace diez días en Teherán. Sin embargo, Washington lo cuestionó y encabezó los esfuerzos para redoblar las sanciones contra el régimen islámico de Irán.

Según el diario paulista, Obama les escribió el 20 de abril pasado, casi un mes antes de la firma de la llamada Declaración de Teherán. “El acuerdo de transferir 1200 kilos de uranio de bajo enriquecimiento fuera de Irán reforzaría la confianza y reduciría las tensiones regionales”, habría señalado el mandatario norteamericano. No está muy lejos de lo que consiguieron los líderes brasileño y turco. El 17 de mayo pasado, Teherán accedió a enviar a Turquía 1200 kilos de uranio poco enriquecido para recibir en el plazo de un año desde Rusia y Francia 120 kilos de combustible nuclear para su reactor científico. Ayer la Casa Blanca no confirmó la autenticidad de la carta publicada por el matutino brasileño y tampoco lo hicieron Lula y Erdogan. Pero ninguno la desmintió.

Eso sí, Washington no esperó en silencio el ataque que se veía venir de parte de sus dos aliados. “Sin duda, tenemos muy serios desacuerdos con la política diplomática de Brasil hacia Irán”, reconoció la secretaria de Estado, Hillary Clinton. “Al comprar tiempo para Irán, permitiéndole eludir la unidad internacional en torno de su programa nuclear, hace el mundo más peligroso, no menos”, agregó, en referencia a los plazos establecidos en la Declaración de Teherán.

Según el acuerdo, Irán tenía siete días para presentar su propuesta ante la OIEA (ya lo cumplió), treinta días para entregar su uranio a Turquía y un año para recibirlo enriquecido por Francia y Rusia. “Es necesario que todos digan si quieren construir una posibilidad de paz o una posibilidad de conflicto. Turquía y Brasil se manifestaron en favor de la paz. Hasta ahora, Irán ha cumplido lo que acordó con Turquía y con Brasil”, reiteró Lula, intentando contrarrestar las dudas esbozadas y difundidas por el gobierno de Obama.

Sin atacar directamente al presidente norteamericano, se quejaron de los cuestionamientos y la desconfianza. “No precisamos pedir permiso de nadie para actuar”, dijo, molesto, el premier turco. Erdogan es conocido por sus socios de la OTAN por su moderación y su mente fría a la hora de contraponer su posición a la de las grandes potencias. Sin embargo, ayer el líder musulmán y su colega latinoamericano estaban enojados y no querían –o podían– disimularlo. “Los países que critican el acuerdo son envidiosos. Porque Brasil y Turquía se empeñaron y consiguieron un éxito diplomático que algunos países negociaron sin éxito durante muchos años”, sostuvo Erdogan, dejando de lado la diplomacia.

Los dos flamantes mediadores dijeron estar convencidos de la voluntad de Irán de cumplir con todos los pasos del acuerdo y por eso rechazaron el nuevo paquete de sanciones que está negociando Estados Unidos con Europa, Rusia y China. El voto de Brasil y Turquía, dos miembros no permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, no es crucial, pero sí podría terminar de inclinar la balanza en favor del régimen de los ayatolás. Ni Brasilia ni Ankara tienen poder de veto, como Estados Unidos, pero sí pueden convencer al resto de los miembros no permanentes para que Washington no alcance la mayoría necesaria.

“En este momento no hay espacio para sanciones porque Irán cumplirá. Proseguiremos nuestros esfuerzos hasta el fin porque consideramos que la única forma de servir a la paz mundial es con esas iniciativas”, prometió Erdogan. El premier se volverá a reunir con Lula hoy en el Foro de la Alianza de las Civilizaciones en Río de Janeiro, en donde también estará presente la presidenta argentina, Cristina Fernández. El otro gran invitado, el español José Luis Rodríguez Zapatero, canceló a último momento (ver página 23).

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