Dom 20.06.2010

EL PAíS • SUBNOTA

Un relevo con mensaje

› Por Mario Wainfeld

En cualquier cumbre, encuentro bilateral o aun en un brindis ante colegas presidentes, el brasileño Lula da Silva pronuncia dos discursos. El primero, escrito y más formal, le es preparado en sustancia por su Cancillería. Luego, Lula se saca los anteojos e improvisa en un tono más coloquial y político su propio mensaje, que es el más profundo, sensible y recordable. El ejemplo de un estadista cabal, que viene de un país donde Itamaraty tiene un volumen histórico poco usual, da una pista acerca de cómo funciona la actual “diplomacia presidencial”. Son cruciales la subjetividad de los mandatarios, las relaciones cara a cara, las tramas de relaciones personales entre pares. El rol de las cancillerías es, pues, muy arduo y desafiante: darles contexto y profesionalidad a las líneas maestras (y a menudo a las decisiones tomadas de volea) que se cocinan en la cima del poder.

Esa tendencia, si cabe, se acentúa en la Argentina por el diferente peso que tiene la Cancillería, por el sesgo conservador de buena parte de la “línea” de la “Casa” y también porque el kirchnerismo gusta tener líneas alternativas de relación. Dispone de operadores con agenda propia, en especial con los países vecinos (no exclusivamente con Venezuela) y con España. La tarea del ministro de Relaciones Exteriores es compleja y limitada a la vez. Jorge Taiana la cumplió de modo encomiable durante varios años hasta su renuncia del viernes, que trasunta un desgaste largo pero que desencadenó de modo abrupto, inesperado para la opinión pública y también para sus compañeros del Gabinete.

Taiana tiene una trayectoria notable y un linaje peronista difícil de empardar. Militante desde joven, pasó la dictadura preso sobrellevando con entereza las duras contingencias del caso. Conserva orgullo de esa etapa, sin hacer alarde. El lector de este diario puede evocarla leyendo un reportaje publicado el 26 de marzo de 2006, disponible en la edición on line. Torturado y vejado, no renegó de sus posiciones ni dejó de consagrarse a promover campañas internacionales de denuncias al terrorismo de Estado.

Cuesta, en un primer vistazo, asociar a ese militante fogoso y radicalizado, que salió enflaquecido hasta los huesos de la prisión, con el funcionario habitualmente serio, que lucía ceñudo en la mayoría de las fotos e imágenes de su gestión. Quien conversa con él encuentra un hilo conductor en sus ideas y principios. Y una traza subjetiva más fina en su capacidad de análisis político, en su consistencia ideológica, enriquecida por la adecuación a los nuevos tiempos. También en un sentido del humor que resalta más por el talante circunspecto en que enuncia ironías, ese tributo de la inteligencia. Como pintó ayer el periodista Martín Piqué en Página/12, Taiana prodiga otro don del conversador que sabe ver. Son sus dotes para imitar, de las que se vale para remedar la voz y las inflexiones de Juan Domingo Perón o los distintos acentos con que se habla el castellano en este Sur, al servicio de semblanzas de figuras políticas de postín de variadas latitudes.

Las condiciones técnicas y la historia militante le valieron para ganar respeto con pares, presidentes y funcionarios de países cercanos. Muchos de ellos fatigaron caminos parecidos y, en cualquier caso, en esta curiosa coyuntura regional, los blasones de lucha, sacrificio y pertenencia cotizan alto. Una de las tantas diferencias con el contorno de los noventa: materialista, hedonista, tecnocrático, derechoso en lo conceptual.

Su partida, tras agrias discusiones con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner (hubo al menos dos, una el jueves, otra el viernes) le hace poca justicia. Venía precedida de una fatiga quizá no inexorable pero sí explicable tras más de siete años ininterrumpidos de gestión. Se deterioró por quejas derivadas de intromisiones de dos pesos pesado del actual gabinete (el supersecretario Guillermo Moreno y el ministro de Economía Amado Boudou) en lo que consideraba áreas propias de su competencia. Es un clásico que también aqueja a otros funcionarios de primer nivel.

En la ríspida conversación que precedió a la renuncia, la Presidenta le enrostró escaso compromiso con su gobierno y deslealtad, comparándolo desfavorablemente con Boudou. Para un kirchnerista de la primera hora (integrante del Grupo Calafate) y peronista de izquierda desde siempre quizá fue demasiado ser subestimado en beneficio de un recién llegado, desde el centroderecha, al espacio nacional popular. En la Casa Rosada y en Olivos se valora mucho la sobreactuación de pertenencia, a la que Taiana no es adicto, aunque sí a las largas lealtades.

El modo en que se zanjó la situación es, pues, un mensaje al interior del equipo que acompaña a la titular del Ejecutivo, que sus otros integrantes elaborarán en estos días.

La primera lectura de varios medios y dirigentes opositores al Gobierno equipara la salida de Taiana con la de Alberto Fernández, Roberto Lavagna o Bielsa. Cubren de encomios a los que se van, recién cuando lo hacen, y destacan virtudes democráticas no consignadas antes. Los contrastan con el estilo kirchnerista. El cronista no comparte ese parangón, por varias razones, al menos en lo que concierne al ex ministro de Economía y el ex ministro Jefe. Ambos se apartaron en plan de divorcio del proyecto político del kirchnerismo para enrolarse, Lavagna de modo más explícito, en posiciones opositoras o alternativas. Taiana, intuye el cronista, seguirá enrolado en esa línea política con la que conserva muchos más acuerdos que divergencias. Acaso, superado el momento amargo de la partida, vuelva a tener un lugar acorde con sus condiciones de cuadro político, que no se encuentran así como así. En ese sentido, quizá, su salida sea más parecida a la de Bielsa, con quien (la vida ama esas paradojas) se llevó bastante mal cuando era su segundo y terminó bastante distanciado. La valoración crítica del cronista no incluye una predicción sobre el desempeño futuro de Héctor Timerman, su sucesor. Su elenco de colaboradores más cercano no se conoce aún y su afinidad con el proyecto kirchnerista es probada.

En la cancha se ven los pingos. Timerman tendrá una oportunidad para la que se viene preparando y moviéndose desde hace años. El rumbo de la política exterior, como cuadra, será determinado por la Presidenta. A él le cabrá agregarle valor. Será digno de elogio si consigue un desempeño parangonable con el de Taiana, en lealtad, coherencia ideológica y resultados.

Más allá de este horizonte abierto, el relevo es una señal de “kirchnerización” para cualquier intérprete, aliado o antagónico al oficialismo. La acentuación identitaria puede ser leída como un avance de la coherencia o como un déficit a la hora de sumar. El cronista en general cree que el ensimismamiento y el repliegue damnifican a una fuerza con pretensión mayoritaria. Parece, por añadidura, una táctica inadecuada cuando se prefigura un escenario de división del electorado mayoritario en tercios, si es que el peronismo federal resuelve sus cuitas y personalismos. Para salir triunfador en ese cuadro es forzoso “abrir”, aglutinar nuevos aliados, militantes, adherentes y, sobre todo, votantes. Medidas como la asignación universal o la ley de medios son bien funcionales a ese designio. No así la salida de Taiana, por el modo en que se implementó y por el mensaje que conlleva.

Nota madre

Subnotas

  • Un relevo con mensaje
    › Por Mario Wainfeld

(Versión para móviles / versión de escritorio)

© 2000-2022 www.pagina12.com.ar | República Argentina
Versión para móviles / versión de escritorio | RSS rss
Política de privacidad | Todos los Derechos Reservados
Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux