Sáb 08.10.2016
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MUSICA › IGNACIO MONTOYA CARLOTTO PRESENTA SU NUEVO DISCO, SEP7ETO

Fotografías de un momento muy especial

Registrado en vivo, sin sobregrabaciones ni correcciones, el CD de Carlotto expresa una instancia de su vida del orden de lo extraordinario. “El plan era grabarlo antes, pero sucedió todo esto”, dice acerca de la conmoción que causó, no sólo en él, la recuperación de su identidad.

Ignacio Montoya Carlotto dice que Sep7eto, su nuevo disco, es “la fotografía de un momento”. Lo dice porque fue registrado en vivo, sin sobregrabaciones ni correcciones (“lo que quedó, quedó”, describe), pero también por este especial momento de su vida, del orden de lo extraordinario. El pianista y compositor registró este disco de la manera inversa a la que suele darse: primero lo tocó muchas veces, en muchos lugares, y luego vino el estudio. Y esto es porque cuando estaba por grabarlo, dos años atrás, supo que era el hijo de Laura Carlotto y de Walmir Montoya, y por lo tanto el nieto de Estela de Carlotto, la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo. Fue un momento que marcó su vida, y a toda la sociedad argentina.

De esto hace ya dos años y el momento, musical y vital, madura en un disco que Sep7eto, con entrada gratuita. Sep7eto es el tercer disco de este músico de Olavarría y el primero que grabó con su septeto (con Inés Maddío en voz, Ingrid Féniger en clarinete, clarinete bajo y saxo, Luz Romero en flauta, Valentín Reiners en guitarra, Nicolás Hailand en contrabajo, Juan Simón Maddio en batería). Las canciones, de su autoría, llegan madurando en verdad desde otros momentos, más atrás en el tiempo. Ya entonces había comenzado a buscar dentro de ese universo musical que suena a jazz, pero también, inevitablemente, a música argentina, con sus ritmos e influencias. Las de este disco son canciones de su autoría en letra y música, con perlas como la muy bella “Rayito de luz”, en la que musicalizó a Romildo Risso (aquel que firmó “Los ejes de mi carreta” con Yupanqui).

En los distintos temas de Se7teto suenan invitados como Juan Quintero y Luna Monti, o un cuarteto de cuerdas dirigido por Luis Gorelik, con quienes Montoya Carlotto va estableciendo distintos diálogos desde la música. Inmerso en esa corriente actual de la canción, que va mostrando distintas formas –más hacia el jazz, más hacia el rock, o al folklore o al tango más estrictos– pero que siempre suena de acá, el pianista muestra un desarrollo propio y original. Lo hace dentro de un camino en el que puede nombrar a referentes como Liliana Herrero, Negro Aguirre, o Diego Schissi, con quienes ha compartido sus canciones. Y a otros colegas como Juan Pollo Raffo, con quien se presentará el próximo 27 de octubre en la sala Caras y Caretas (Sarmiento 2037).

“El plan del disco era grabarlo antes, pero sucedió todo esto”, dice Montoya Carlotto, y ya se sabe –todos saben, también los que pasan por la mesa del bar donde se hace la nota y lo saludan– que habla de la recuperación de su identidad. “Entonces empezamos a tocar un montón, se fue armando la gira, al revés de como suele ser, que grabás el disco y salís a presentarlo. Se dio así”, sigue contando.

–Eso le habrá dado más fortaleza a la música…

–Más rodaje, claro. Cuanto más ruede la música y más la puedas tocar, tanto mejor. Yo creo que a estas músicas les hace mejor no ser masivas, en el sentido de que es mejor hacer diez conciertos para cien personas que uno para mil. Aunque económicamente sea menos rentable, a nosotros y a la música nos conviene más. Esa línea es la que seguimos cuando vamos a recorrer el país para presentar el disco, tocamos en todos los lugares que podamos, todos. Es necesario para pensar la música como un hecho vivo, como algo que está en constante evocación.

–Musicalmente, ¿qué cambió en estos dos años?

–Durante mucho tiempo me esforcé en creer que no había cambiado nada, que la música ya estaba. Ahora sé que cambió mucho, pero no sé qué, o no lo puedo explicar. Por mi situación particular –todos los compositores tienen una situación particular, pero yo siento que la mía es muy particular–, estoy muy encerrado en hacer lo que hago, en esa hechura. Entonces sé que hay cosas que han cambiado, y mucho, pero me cuesta parar y ponerme a analizarlo. Y claro, adentro también se han modificado un montón de cosas, y quizás por eso el repertorio nuevo es más sanguíneo, más humano, no tan técnico... La verdad, es difícil definirlo, definir la música.

–¿Menos preocupado por mostrar o por demostrar?

–Sí, por ahí va, simplemente preocupado por decir lo que tenés que decir, casi como un acto de liberación. El único acto de liberación posible que tengo ahora. Ya no estoy en esa de estar escribiendo música y pensar qué dirán los colegas, esas cosas. Es lo que hay para decir y es el lenguaje que tengo para decirlo.

–¿Se siente dentro de una corriente actual de canciones en la música argentina?

–Somos muchos en esto, que es como una planta que tiene semillas del mundo pero que solamente crece acá. Quizás los extranjeros lo ven más claramente que nosotros. Me ha pasado con este disco, gente de afuera que lo escucha re argentino y a nosotros nos cuesta. Tal vez por eso de estereotipar la argentinidad con el folklore y el tango tradicional: si no tiene tango o folklore, no es música argentina. Y yo pregunto: ¿qué música argentina no tiene tango y folklore? ¿O acaso Spinetta no tiene tango y folklore?”

“Desde el momento en que escuché música en vivo por primera vez, allá lejos cuando tenía apenas 10 u 11 años, algo sucedió; no supe en ese momento más que el golpe de verdad de entender que eso que sucedía allá en ese escenario de club de pueblo –pueblo solo en el medio de la pampa, pampa ganadera y minera– era algo que sería mío para siempre”, cuenta Montoya Carlotto en el prólogo. “Lejos estaba de saber que quienes me llevaron a ese sitio no eran mis padres biológicos y más lejos estaba yo de saber que en la familia de sangre estaba esa música tan presente como lo estaría en mí de ahí en más”. “Sí, fue medio mágico y así de impactante”, reafirma ahora. “Me acuerdo perfectamente el lugar, el momento de escuchar música en vivo y quedar anonadado, y sentir que eso debía ser parte de mi vida. Y así terminó siendo”.

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