Dom 23.05.2010
libros

El libro de la selva

Un poemario de Jorge Boccanera lleno de resonancias salvajes.

› Por Juan Pablo Bertazza

Así como no hay leyenda que carezca de un bosque repleto de seres imaginarios, criaturas peligrosas y lobos feroces que simbolizan ese inconsciente tumultuoso que todo niño debe atravesar para llegar a la madurez, la selva del último libro de poesía de Jorge Boccanera representa la fertilidad y la vitalidad, el impulso de vida que queda incluso después de la muerte. Sin ser paraíso ni bálsamo, esta selva, cuyo elemento esencial es la Palma Real que da título al libro –un árbol majestuoso, muy común en La Habana que llegó a plantarse incluso en el escudo nacional de Cuba– es, en todo caso, el devenir, la inspiración poética, lo indecible, aquello que no puede expresarse sino mediante la poesía: “La selva es lo inminente,/ eso que está por desencadenarse./ Es lluvia detenida./ Espuma a punto de plumaje./ Urgencia”.

En este verdadero libro de la selva, que obtuvo en 2008 el Premio de Poesía Casa de América de España, y que tardó diez años en componerlo, Jorge Boccanera da cuenta de una gama real y metafórica tan exuberante que prácticamente no deja selva sin explorar: desde la indómita liana que muestra y esconde el cuerpo ajeno de esa mujer por definición inaccesible hasta los laberínticos procesos de la escritura, pasando por la impostergable resonancia política de esa poda simbólica que constituye todo genocidio: “Hay un bosque quemado en el centro de mi juventud./ Son treinta mil esos sueños talados./ Quiero urgencia y memoria/ palma cortada es holocausto”; idea que, hacia el final del libro, el poeta retomará diciendo que “la memoria es la selva”.

Otra pluralidad que reproduce, en otro nivel, la infinitud de la selva se encarna en los múltiples ropajes que va usando la poesía de Boccanera: desde haikus –forma imprescindible a la hora de hablar sobre la naturaleza– hasta poemas en prosa; desde poemas endecasílabos hasta versos libres que más que libres parecen más caóticos que el corazón de la mismísima selva.

De Palma Real dijo el jurado de Casa de América que “sobresale especialmente por su diálogo profundo con la tradición poética hispanoamericana”. Pero, tal vez, el mayor logro que puede atribuirse a este libro es que, aun parejo dentro de su irregularidad, hace que el lector salga de sus páginas lleno de rasguños, húmedo, extrañado y totalmente salvaje.

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