Mar 25.05.2010
rosario

CULTURA / ESPECTáCULOS › MUESTRA DE COTI ALBERIONE: BLANCOS DE COLOR CON UN AIRE DE FAMILIA

Del retrato hacia la abstracción

En los trabajos que presenta la artista rosarina Constanza "Coti" Alberione, se ve claramente un punto muy alto en el período figurativo realista en el que la artista viene trabajando, caracterizado por la perspectiva central.

› Por Beatriz Vignoli

Hasta el viernes 28 de este mes, de 14 a 20, puede visitarse en Iván Rosado (Salta 1859) una exposición de pinturas y dibujos de la artista rosarina Constanza "Coti" Alberione titulada Lara de Cuco. Las obras son muy recientes y profundizan dos vertientes en las que viene trabajando Alberione, que son el retrato y la abstracción.

Pintadas con la excelente calidad plástica a la que Alberione tiene acostumbrado a su público, las minuciosas pinturas incluyen dos retratos de su hermana Marina, donde su singular conjunción entre equilibrio clásico y síntesis moderna alcanza una madurez muy lograda. Estos dos retratos marcan un punto muy alto en el período figurativo realista en el que la artista viene trabajando, caracterizado por la perspectiva central, el contraste mínimo en el límite de lo visible y cierta elegancia prerrafaelista en la serenidad de la expresión: un modo posmoderno de apropiación de lo moderno temprano que podría encontrar sus afinidades electivas en figuras internacionales como la de Alex Katz. Pero además Alberione redobla la apuesta al pintar un notable autorretrato, donde los elementos abstractos que venía explorando en sus dibujos se integran a la figura humana como líneas de fuga argumentales que la alejan del verosímil naturalista, a la vez que la acercan más al espíritu lúdico de la vanguardia de los 60. Los planos decorativos son verdaderas composiciones planas, mientras que líneas y puntos de dorado suman luminosidad.

Yendo más atrás aún en la historia, los delicados blancos de color de la tradición moderna rosarina representada por Augusto y María Laura Schiavoni, y retomada por Juan Pablo Renzi y Pablo Suárez, son una influencia consciente que regocija descubrir en estas pinturas. La alegría del descubrimiento se materializa en algo más que una mera evocación cuando Maximiliano Masuelli trae, desde la casa taller que comparte con Ana Wandzik hasta la galería que dirigen ambos, un paisaje blanco de María Laura Schiavoni que parece un pariente cercano de la paleta de níveos ocres y nacarados grises que maneja Constanza. La sorpresa ayuda a pensar el concepto curatorial de la muestra, centrada en un intimismo de lo doméstico, lo cercano y los afectos familiares. Tal estructura de sentimiento es muy afín tanto a la de la obra de los hermanos Schiavoni como a la que despliega Masuelli en su propio trabajo (que formalmente es muy distinto al de Alberione). La inclusión de un texto muy afectuoso de Marina Alberione y de un retrato del padre de ambas, Carlos, redondea el planteo junto con una carpeta de dibujos, "Casa Brown", que reúne los resultados de un recorrido entre racional y tierno por la última casa donde la artista vivió en Rosario antes de migrar hace un año a Buenos Aires. En su texto con el que acompaña los dibujos, la joven autora desliza un dato: fue vecina del pintor rosarino Rodolfo Elizalde (quien fue discípulo de Juan Grela y colega de Renzi tanto en el taller de Grela como en el Grupo de Arte de Vanguardia). El dato cierra esta especie de feliz conspiración local de grises de color y blanco sobre blanco que se celebra en esta nota, acaso una hermandad de los tonos pastel que hasta hace poco se saludaba todas las tardes: "Era vecina de Rodolfo Elizalde, creo haberles contado que lo veía en la terraza de su casa cuando yo subía al techo de la mía para barrer las hojas de los plátanos para que no se tapen las rejillas... él me chistaba: ¡Hola!".

Unos bodegones preciosistas al modo del gótico flamenco suman exquisitez pero no aportan mucho más. Pero ahora Maximiliano extrae de la trastienda (pintada de blanco, como el resto de la sala) una pequeña obra maestra de Alberione, un desnudo masculino donde la figura yace en un sofá y en un living que se hallan representados con sus correspondientes medidas en la carpeta Casa Brown. Afecto y representación aparecen así, en la obra de Alberione, como unidos en una voluntad de recrear fielmente el propio mundo. Y cabe preguntarse si la pintura del siglo XXI no será acaso una nueva modalidad, no literaria sino en imágenes, de la ficción autobiográfica.

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