Dom 01.09.2002

EL PAíS  › DIALOGO SOBRE POLITICA Y ELECCIONES EN EL VIERNES DEL “QUE SE VAYAN TODOS”

Carrió: antes y después de la marcha

Está cómoda en su “meseta” de votos, no le teme a las “campañas en mi contra” y se indigna con el establishment “que disciplina con el miedo”. La diputada y referente del ARI explica sus políticas en un viernes de ansiedad y alegrías.

› Por Felipe Yapur

Esta vez la entrevista con Elisa Carrió tuvo dos claros y bien diferenciados momentos. No sólo porque la primera parte se realizó una hora antes de la masiva concentración en el Congreso bajo la consigna “que se vayan todos”, sino porque la diputada del ARI se mostró seria, reconcentrada, como intranquila. En el reportaje no lo dice, pero ante sus colaboradores reconoció que temió que alguna mano traviesa provocara actos de violencia durante la concentración. Nada de ello ocurrió. Minutos después de finalizado el acto –que compartió con el también diputado Luis Zamora y Víctor De Gennaro de la CTA–, Carrió estaba exultante, era otra persona. “Fue un éxito. El Gobierno no podrá negar lo sucedido. Fue un acto multitudinario y no violento. Hemos dado un paso firme en esta batalla por la caducidad de los mandatos que, se lo aseguro, finalmente triunfaremos”, señaló a Página/12 mientras encendía su primer cigarrillo.
Antes de la plaza
Las cinco de la tarde del viernes 30 de agosto, faltaban sólo sesenta minutos para la comienzo de la concentración en la Plaza del Congreso. La televisión transmite las primeras imágenes. Carrió no las vio. Intentó dormir una siesta pero se despertó mucho antes de la hora prevista. Tomó un par de mates y pidió –con el ceño fruncido– que la entrevista comenzara:
–En las encuestas ningún precandidatos supera el 16 por ciento de intención de voto. ¿Por qué cree que sucede?
–En primer lugar, creo que todavía no está definida la batalla final del régimen. Si nosotros leemos claramente todo lo que sucedió en el país en estos últimos tiempos, se ratifica mi lectura en el sentido de que estamos en las concentraciones de un largo parto. Donde las concentraciones están dadas por acontecimientos de ruptura y, en consecuencia, de crisis sistémicas. Cuando se está entre dos concentraciones, todo vuelve a confundirse. El panorama está confuso. Mientras nosotros dejamos la campaña electoral, algunos entran y todo comienza a ser pagado en la Argentina. En consecuencia, es muy posible de que nada de lo que ocurra tenga una lectura objetiva sino una lectura que entra en el juego de la disputa, en el juego del poder y dentro de esto están las encuestas.
–¿Esas mediciones no reflejan lo que pasa en el país?
–Digo que se montan campañas sobre la base de errores sobre dos puntos más o dos puntos menos que en realidad no tienen sustentación objetiva. Es decir, que no lo pueden hacer encuestadoras serias. Pero ésta es la lucha del poder y por eso se confunde. Entonces se ve aparecer gente que utiliza las palabras que nosotros utilizamos el año pasado. Nosotros hablamos del parto y a la refundación de la República, y ahora resulta que la refunda (Adolfo) Rodríguez Saá. Hay una apropiación de las palabras del nacimiento por parte de quienes formaron parte del pasado muy fuerte.
–Entonces, según usted, la utilización de su discurso provocó su estancamiento en las encuestas.
–No, no. Es fruto de la retracción. Hay flujo y reflujo. Hay una sociedad que quiere avanzar hacia algo nuevo y, al mismo tiempo, una sociedad que en un determinado momento es disciplinada por el miedo hacia adonde va. Es disciplinada por el autoritarismo, por la destrucción de mi persona. Pero esto finalmente se va a dirimir y no con un escenario del 17 por ciento.
–El amesetamiento de su figura asustó a muchos de la gente del ARI.
–Bueno, porque mucha gente no se banca el reflujo. Tampoco se lo bancaron el año pasado. Pero otros saben que esto es una batalla. El año pasado fue idéntico. Yo avancé, el establishment disciplinó a partir de una campaña de destrucción sobre mí. Todo el mundo dijo que estabaacabada, que me equivoqué en la estrategia en los comicios de octubre, que me equivoqué con la comisión de lavado. Sin embargo, en diciembre yo estaba primera. De todas maneras, el mejor dato es que no nos bajaron sino que nos estancan. Nosotros estamos en una meseta consolidada y esto para salir a pelear electoralmente, si se decide esa opción, es un punto de partida interesante.
–Pero su figura está quieta.
–El tema no es a dónde llegás sino de dónde partís. Tenemos un 17 por ciento que es meseta. Frente al cual ni las campañas más fuertes contra mí lo pueden horadar.
–Una de las más fuertes críticas hacia su candidatura es que no muestra equipos, no da cuenta de programas. ¿Por qué no?
–Primero que nada hemos suspendido nuestra campaña. Yo lo hice por un deber ético inexcusable. Pero también hay que tener paciencia. Todo a su tiempo. Hay mucha gente que está trabajando junto a mí y no pienso exponerlos en un momento tan fuerte de reflujo del régimen. Además, yo voy a determinar en qué momento los expondré. Le aseguro que es gente decente que no puede ponerse en esta escena electoral de características tan violenta. Tengo el deber de poner el cuerpo por ellos.
–En estos últimos meses, usted protagonizó dos hechos fuertes. El primero fue su reunión con Néstor Kirchner y Aníbal Ibarra por la caducidad de los mandatos. Ahora, con el mismo objetivo está con Zamora y De Gennaro. ¿Por qué no todos juntos?
–Eran dos frentes distintos. El primero era un frente institucional que en ese momento todo el mundo hizo una doble lectura que no existía, está demostrado que no tenía otro sentido que mostrar quiénes eran los sectores institucionales dispuestos a votar en el Parlamento y en sus respectivas jurisdicciones la renovación total de los mandatos. El de ahora es un frente político y social que parecía mucho más difícil de juntar, pero teníamos el deber de buscar la estrategia para que esta sociedad pueda elegir todo, que tenga una república y una nación distinta. Ahora, ahí las tácticas pueden ir variando, pueden ir del frente institucional exclusivamente por una ley de caducidad de mandatos, a un frente social donde los reclamos son más profundos y tienen que ver con el para qué del que se vayan todos.
–¿No hay posibilidades de unir lo institucional con lo social?
–No exploré esa posibilidad. No todo el mundo está dispuesto a jugar fuerte, no todos quieren renunciar a seguir haciendo campaña.
–De hecho Ibarra criticó la suspensión de su campaña.
–Es un problema de Ibarra. Nosotros tomamos las decisiones no por conveniencia política sino por criterios éticos que a lo mejor en el momento no se entienden. Porque, en general, la mirada más pequeña, más mísera de la política, siempre está buscando la acumulación del poder. Y nosotros buscamos la justicia. Y en esto hay que ser paciente porque los adversarios juntan poder de cualquier forma y sellan alianzas de cualquier naturaleza. Ante ello aparece como debilidad aquellos que buscamos coherencia de tipo moral e ideológico en la pelea. Hay que bancarse este tipo de decisiones.
–Pero su alejamiento de Ibarra y Kirchner y su cercanía con Zamora y De Gennaro fue interpretado como un zigzagueo.
–No, no, no. Porque en el Congreso nos reunimos con esos actores que impulsaban la caducidad de los mandatos desde el punto de vista institucional. Son distintos frentes de lucha, dos cosas distintas. No es lo mismo que haya un gran frente social donde hay gente que no está representada en el Parlamento y otra que estamos en la Cámara de Diputados coincidiendo en la revocatoria de los mandatos.
Post concentración
21 horas. Carrió camina por Hipólito Yrigoyen hasta el auto. Atrás, sobre Entre Ríos, la gente comenzó a desconcentrarse pacíficamente. Apura el paso, tiene que grabar una entrevista para el programa “La Información” de América 2. Ya en el auto, Carrió sonríe y como en la primera parte, pide que el reportaje continúe:
–¿Cómo evalúa la concentración en el Congreso?
–Fue lindísima. Vi muchísima gente suelta sin referencia partidaria. Y esto es lo que nosotros queríamos, que se involucre la ciudadanía. Creo que empezó bien, empezó con paz y en todo el país.
–¿Cómo sigue ahora?
–Es preciso evaluar los pasos a seguir. Pero seguirá ante cada acontecimiento como el intento de incrementar las tarifas, contra el pacto de impunidad a la Corte. Digamos que queremos establecer el flujo de la sociedad frente al reflujo de disciplinamiento, autoritarismo y la trampa electoral del régimen.
–Si bien la consigna era por el que se vayan todos, la gente en la plaza mostró una diversidad de reclamos. ¿Cómo se canalizan?
–Creo que la posibilidad de una Asamblea Constituyente, que la gente elija a todos sus representantes, que todas las expresiones nuevas de una Argentina distinta harán que no sea el mismo país. Entonces, mucho más que las referencias bipartidistas y corporativas como la CGT, Unión Industrial, Parlamento, lo que hay es una Argentina naciente con muchos nuevos intereses representados que tienen que confluir en un esquema de consenso, de articulaciones, de discusiones y sobre todo una nueva legitimidad. Esto se hace lentamente. Esto no es para ansiosos.
–El próximo paso es contra la impunidad de la Corte. ¿Ese día será tan pacífico como hoy?
–Yo creo en la fuerza victoriosa de la no violencia, que no es que ser pacifista. Ojo, creo en la fuerza poderosa de un pueblo que finalmente rodee el Parlamento para que éste no pacte la impunidad y cumpla con su función acusadora.
–¿Cómo cree que reaccionará el Gobierno?
–Como hace siempre, la negará. O la estigmatizará. Pero ésta es una pelea donde las distintas máscaras y las distintas operaciones se irán cayendo sistemáticamente.
–¿Qué es lo primero que pensó cuando vio tanta gente?
–Estaba contenta. La verdad es que en esta etapa de disciplinamiento del régimen, que la gente salga igual y que desee otra Argentina es como un remanso.
–¿Tuvo miedo de que pase algo, que no haya tanta gente?
–No, nunca tengo enormes expectativas. Esto es el comienzo de una lucha y fue maravilloso.
–¿De esta unidad en la acción surgirá un frente electoral?
–No, no. Todo a su tiempo. Hoy no es momento para ese tipo de especulaciones porque le quitaría credibilidad al espacio. Ya empiezan a ver puntos de acuerdos, que si después se traducen en propuestas más allá de que exista o no un frente, permitirá que la Argentina camine por donde debe caminar.
–En esta batalla que comienza se puede ganar o perder...
–Yo no me planteo la hipótesis de derrota. Nadie queda embarazada para parir un monstruo. No habrá derrota, no hay ninguna posibilidad. Sí puede haber una agonía mayor en el parto.
–Esto significa que el régimen puede sobrevivir un período presidencial más.
–Sólo unos meses más.

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