Dom 21.08.2011
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PERSONAJES > EUGENIA BRUSA, LA VOZ DE LES MENTETTES Y ALGO MáS

Magnética

› Por Martín Pérez

Un pequeño lunar sobre la ceja izquierda, un encantador huequito entre los dientes de arriba que es difícil no buscar con la vista cuando sonríe, y ese pelo largo y negro que mantiene atado, pero que suelta al cantar. Por todas esas cosas es imposible dejar de prestarle atención a Eugenia Brusa cuando habla ante una botella de cerveza, a pesar de que la fría tarde porteña pide a gritos un café con leche, y repasa su corta carrera musical. Pero cuando se sube a un escenario, o especialmente cuando no tiene necesidad de uno y se pone a cantar, no hace falta percibir ninguno de sus rasgos para escucharla. Porque Eugenia es de esas cantantes que, cuando sueltan su voz, todo lo demás pasa a ser secundario. Cuando las vocalistas como Eugenia cantan, el ocasional escucha se da cuenta de algo que siempre supo: que eso, justamente eso y nada más que eso, es cantar.

Algo así le sucedió a su profesor, y a todos sus compañeros de quinto o sexto grado, cuando en una ronda de canto individual le tocó el turno a Eugenia. “Todos se dieron vuelta”, recuerda. Y se ríe: “Fue como descubrir que tenía un superpoder”. Además de descubrir que gracias a su voz había chicos que la incluyeron en su lista, esta hija de psicóloga y padre ex marino y actual práctico de puerto terminó sabiendo que lo que quería en la vida era cantar, al punto que abandonó la carrera de Filosofía cuando se dio cuenta de que si leía todo lo que se esperaba que ella leyese –o lo que ella, la eterna buena alumna, se obligaría a leer–, no iba a haber tiempo para las canciones. Las canciones que, por ejemplo, cantaba en Puck, un grupo de secundaria que tuvo cierta vida más allá de las aulas del Nacional de San Isidro, donde era la voz cantante y compositora, casi la líder. Aunque no tanto como para imponer el nombre que ella deseaba para la banda: Maricona. “Puck era por Shakespeare”, precisa. “Era como punk, pero resfriado”, dice del sinfonismo de disfraz y pelucas que supieron intentar desde el más absoluto amateurismo.

El profesionalismo llegó cuando de la filosofía pasó a Les Mentettes, casi sin escalas. Resultó ser la banda de sus compañeros de primaria en La Escuela del Sol, con quienes se reencontró trabajando en Niceto, donde hoy es la encargada de habilitaciones (“No sé nada de eso, pero tengo paciencia con los trámites”, aclara). “Sumarme a Mentettes fue como empezar a aprender un oficio: el de ser cantante”, asegura Eugenia, que cuando fue invitada a unirse al grupo aún se llamaban Mentitas, y apenas si habían terminado un demo, y hoy es inminente la salida de su tercer disco, para el que ella compuso dos temas. “Al comienzo me preguntaba todo el tiempo las razones para cantar en inglés, hasta que dejé de preguntármelo”, asegura sobre la particularidad idiomática del grupo que lidera Adrián Riboira, alias Ladron. Juntos, Ladron y Eugenia, cantan como invitados de Los Campos Magnéticos, en un contundente castellano (con canciones de The Magnetic Fields traducidas del inglés original, con lo que se completa un paradójico círculo idiomático).

“Les Mentettes es el 50 por ciento de mi música, y en Los Campos soy apenas una cantante. No me hago demasiado cargo, pero me llena de alegría hacerlo”, asegura Eugenia, que completa su cien por ciento musical junto a los Bombones de Murano, el cuarteto instrumental que la acompaña en los mágicos boleros y valsecitos con los que intenta recuperar su primer recuerdo musical: el de las guitarreadas familiares lideradas por su abuelo Jorge, que le regaló su primera acústica, y también un repertorio folklórico. Los boleros son culpa de su abuela que, aunque considera la música como un adorno y aún hoy lamenta que su nieta no haya estudiado nada “serio”, sabía cantarlos cuando manejaba. “Detesto los micrófonos y amplificadores, no me gusta perder el control sobre mi voz”, asegura la cantante del pelo suelto, fanática de Lucas Martí y Rosario Bléfari, que –con Odin en guitarra, al que rescató de Puck– interpreta clásicos sin tiempo que van desde “Brujería”, de Tite Curet Alonso, a “Noche de ronda”, de Agustín Lara. “Me gusta esa sensación de sinceridad que se logra cuando uno canta cada palabra creyendo en ella, como si la estuviese encontrando en ese momento. Como si te fueses anticipando a cada cosa que sucede, pero sin planearlo.” Cuando Eugenia Brusa alcanza ese estado, qué duda cabe, el tiempo se detiene. Y es entonces cuando la cantante canta. O viceversa. Qué importa, qué interesa. Canta Eugenia, simplemente. Y eso es cantar.


Eugenia Brusa y los Bombones de Murano suenan en myspace.com/bolerosyvalsecitos Junto a Casandra da Cunha, Eugenia toca el domingo 11 de septiembre, en No Avestruz. Y el sábado 17, como parte de Les Mentettes, presenta su nuevo disco en Niceto.

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